Casualidad, causalidad y tendencia

Guadalajara /

Alguien me dijo hace algún tiempo que en políticas las coincidencias no existen. Si esto es cierto, lo sucedido el martes no es más que una señal ominosa para lo que le espera a la relación del gobierno mexicano con la administración Trump.

Sólo revisemos: a primera hora, el Secretario de Guerra norteamericano Pete Hegseth lanzó una advertencia a la administración Sheinbaum: han hecho mucho, pero no lo suficiente…y el tiempo se agota.

Horas después, Terrence Cole, el director de la DEA que estuvo estacionado en México durante el sexenio anterior, amplió la brecha con una declaración que fue un golpe con la zanahoria: García Luna es el ejemplo de cómo el amasiato entre los políticos mexicanos y el crimen organizado lleva años en el país. Cole no matizó ni dió estrellas en la frente al gobierno actual, todo lo opuesto: apenas comienza la cacería.

Mediáticamente, la presa no supo que hacer horas después. CNN -que no se caracteriza por realizar investigaciones explosivas porque son caras y sus recursos, hoy en día, están dirigidos a otros menesteres- decidió dar un palazo con una nota de esas que duelen a cualquier gobierno. Sus reporteros en Washington revelaron que la CIA habría ayudado en varios asuntos al gobierno mexicano. Esto pareciera una bofetada ante la persecución a la agencia luego de revelarse su apoyo en el desmantelamiento de un narcolaboratorio en Chihuahua, una facilidad que expertos consideran más una maquiladora por sus dimensiones.

Pero no, la respuesta fue brutal. Según la nota de Cable News Network, la CIA habría orquestado un plan para asesinar al Payín, uno de los líderes del Cartel de Sinaloa, a su llegada al AIFA a través de un coche bomba. Asimismo, la nota consigna la forma en la que la ayuda de la agencia sería determinante para el abatimiento de Nemesio Oseguera.

La revelación -de ser cierta- dañaría de forma letal la credibilidad del gobierno mexicano, de ahí que los desmentidos de todos lados cayeron de forma expedita.

Las filtraciones siguieron. Por la noche, una nota del New York Times sería más dañina pues, en ella, traspasaría la responsabilidad del atentado contra el Payín al gobierno de México, con lo que la sospecha es terrible.

¿Cómo podría el gobierno del humanismo mexicano superar un episodio donde realiza ejecuciones extrajudiciales? ¿Quién podría confiar en una presidenta y su gabinete que asesinan en lo oscurito?

La CIA -a través de filtraciones- intentó poner un estate quieto al gobierno mexicano. No es de gratis, las respuestas a la solicitud de detención de Ruben Rocha Moya han sido lentas en el mejor de los casos o burlonas en el peor. Insisten en ver a Trump como un bravucón y no comprenden la dimensión de seguridad nacional para el gobierno norteamericano de detener el tráfico de fentanilo, ese que se supone no se fabricaba en México y que, sólo en los últimos meses, han descubierto 2,700 laboratorios.

López Obrador toreó al gobierno norteamericano durante seis años y le dejó a Sheinbaum la percepción que podría hacerlo durante mínimo cuatro más, al minimizar los dichos de Trump. Nunca consideró que el equipo primario de gobierno sería distinto en la segunda administración y que los enemigos sembrados en los años anteriores cosecharían las pruebas que tienen para parar los negocios del narco realizados en contubernio o, mínimo, en la ineficacia de las autoridades mexicanas para pararlos.

Sheinbaum cayó en el juego propagandístico el miércoles en la mañana a partir del consejo de Jesús Ramírez. Si bien la respuesta no fue inmediata porque la atención de la administración republicana está en China, la semana aun no acaba.

Y el plazo final será, seguro, al término del mundial.

No hay, repito, casualidades en la política.


  • Gonzalo Oliveros
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