Ayer la presidenta le enmendó la plana a sus legisladores, tanto locales como federales emanados de Jalisco. La sevicia a la población a partir de la ambición política no aguantaba más.
Si bien la gestión de la problemática del agua fue errónea y desafortunada por parte del gobierno estatal, las respuestas y ralentización a soluciones por parte de los miembros del partido en el poder estatal inexplicable desde la empatía y servicio al ciudadano.
Cierto, el modelo CMRO termina por ser caro, pero es el modelo utilizado por el gobierno federal para poder financiar obras ante la falta de dinero, fondos que no sólo afectan en su disminución a Jalisco sino a toda la estructura de la administración pública.
Ahora, dinero existe. Tan es así que Sheinbaum no chistó en dar los fondos para la construcción del acueducto y las obras restantes en el Zapotillo (esas que negaban su falta hace apenas una semana). Si la presidenta logró ver la arquitectura financiera para destrabar el problema ¿Por qué no lo hicieron los legisladores de Morena en ambos congresos?
Alegan que con la decisión del poder ejecutivo federal lograron evitar un negocio que haría Pablo Lemus. Si eso querían desde un inicio ¿Por qué no buscaron los fondos desde marzo pasado?
El gobierno de Jalisco insistió -junto con algunos municipios- en ese fondeo desde marzo, antes aún de sugerir deuda o el modelo tan cuestionado. Apareció el mundial y se usó de pretexto para alegar que si el Estado tenía dinero para la organización y obras de la Copa, también podría tenerlo para el problema del agua.
Terminó la fiesta y, junto con la discusión, regreso el agua puerca. Curioso es que no se ha investigado la posible indiferencia -por decirlo de manera elegante- de los empleados del sistema, algunos de ellos con enormes cercanías al partido hegemónico.
En Agosto, era claro que la federación no iba a dar dinero. El CMRO se convirtió en la salida propuesta y en el pretexto para convertir la discusión en una bandera contra el genocidio en Gaza y la persecución xenófoba. Las versiones de inversión de firmas israelíes nunca fueron comprobadas pero se desperdigaron a través de redes sociales y voces cercanas a Adán Augusto López y a una diputada local en Jalisco.
Al final, los sucesos de las últimas dos semanas al parecer crearon un efecto bumerán: afectaron a Movimiento Ciudadano y pegaron en la línea de flotación del gobierno de Lemus -que tuvo que cambiar hasta imagen pública- pero, también, dieron un golpe a la marca Morena. La politización fue entendida por la sociedad de forma inmediata pese a los esfuerzos de medios afines de negarla.
Ahora, habrá que esperar si esta negociación tendrá otras consecuencias: la cesión de un municipio en la elección del 27, el debilitamiento estatal del gobierno para lograr el cambio de partido en el 30 o algo más aventurado.
Si bien la marca Movimiento Ciudadano tiene un desgaste real en Jalisco que ha sido acrecentado en sólo tres semanas, la marca Morena no se queda atrás no sólo por los escándalos de ligas con el Crimen Organizado (sólo hay que recordar el caso Diego Rivera), sino por la mediocridad en la administración pública. Sólo esta semana, las manifestaciones de empleados del IMSS llevan un botón más de la incapacidad de sostener la propaganda.
Por ello, no sería descabellado pensar que la negociación sobre los fondos federales para solventar el problema hídrico de Jalisco llevarán una cláusula donde la combinación MC-PAN quedara excluida en distintos lugares de México. Sonora y Campeche serían dos estados donde esa alianza derrotaría fácilmente a Morena. No estaría descabellado pensar en un pacto donde el 27 pase pero por otra carretera diferente.
Para terminar, un elemento extra: Enrique Alfaro. Nadie niega que el exgobernador tiene ases bajo la manga hacia la animadversión que viene de Palacio hacia él.
Veamos donde acaba ese rencor.