Desde Nueva Yol

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Visito Nueva York varias veces al año. De hecho, mi teléfono me hizo recordarlo al llegar al aeropuerto John F. Kennedy el domingo pasado: en los últimos seis años, he avistado Manhattan en 40 ocasiones, entre siete y ocho por año puesto que la pandemia paró los viajes por obvias razones

De hecho, Nueva York ha tenido un cambio radical poblacional tras el confinamiento por COVID. Recuerdo mi primer viaje luego de vacunarme en abril de 2021. Llegué una noche desde Texas y Times Square (la mítica intersección) entre Broadway y la Octava) era, si no un pueblo fantasma, sí una zona deshabitada del bullicio normal primaveral. Era natural que sucediera algo así: la densidad de población y los cambios poblacionales más el tránsito turístico habían hecho a la metrópoli víctima de una alta tasa de mortandad.

Nada regresó a que Nueva York fuera lo mismo. Cierto, volvieron los turistas y las aglomeraciones, pero las oficinas se vaciaron y la gente prefirió irse a gastar sus millones en otros sitios y no en poseer un piso frente a Central Park. Además, la beligerancia de los gobiernos demócratas contra la plutocracia republicana se acrecentó

La Gran Manzana fue primero ciudad santuario, por lo que era común entre 2021 y 2025 escuchar en el metro a mexicanos decir “chicles, chocolates” o encontrar a connacionales vendiendo sandía y piña en el Parque Central. Lo anecdótico se combinaba con las decenas que vivían en la colmena conocida como hotel Roosevelt: el antes elegante edificio de rodeó de policías que resguardan a migrantes.

Ocho cuadras más adelante, las escalinatas frente al Madison Square Garden se colmaron de adictos al fentanilo, fenómeno similar al que se experimentaba en Los Ángeles o San Francisco.

Administrar una ciudad siempre será difícil, pero Eric Adams combinó los problemas propios de Nueva York con su ambición personal. Las acusaciones de corrupción en su contra crecieron tanto que terminó aliándose con el enemigo: a la llegada de Trump, se acabó la ciudad santuario, el Roosevelt se vació y los mexicanos con sus carros de fruta se esfumaron de las calles

No obstante, hoy los que han regresado con los homeless. La indigencia es patente en las calles de Manhattan, jóvenes y viejos de distintas etnias se acercan a pedir ayuda económica ante la falta de dinero y el aumento en los costos.

Y es que Nueva York es una ciudad muy cara, los distintos gobiernos demócratas han llenado de impuestos de todo tipo a los ciudadanos. Los más acomodados huyeron de la isla a paraísos republicanos como Florida. Los que se quedaron tienen un nuevo héroe: Zoran Mandahni, el alcalde socialista de la ciudad.

Empaquetado con una más que acertada comunicación política en redes, el alcalde es cálido y cercano, combate la desigualdad con ideas que no son nuevas pero son efectivas para el electorado como el congelamiento de rentas y el tasamiento de propiedades de más de cinco millones en su valor que no estén habitadas de forma constante por sus dueños.

Las resistencias se encuentran: Mandahni ha sido demandado en Staten Island por los oligarcas en búsqueda que no les cobren impuestos y caseros se quejan de la medida del congelamiento, refieren que la experiencia ha sido tan mala que hay propiedades que sufrieron deterioros importantes en anteriores ocasiones. De hecho, señalan que la anécdota es tan pueril que hasta en la serie Friends recordaban que un departamento en Greenwich Village -una de las zonas más caras hoy en día- podía ser habitado por Monica Geller gracias a una renta controlada.

Todas las ciudades tienen problemas y soluciones que terminan por creas nuevos problemas, el chiste es ver la forma en que los ciudadanos se sensibilizan de ellos y hacen el balance entre la creatividad, el talento, la ambición política y el futuro metropolitano.

Todo, a la mitad de la explotación y cuidado de las propiedades metropolitanas que hacen de cada ciudad algo único, algo de lo que la gente que ahí habita esté orgullosa y sea referencia.

Algo que te haga regresar 40 veces en un sexenio.

Y que no sean las razones por las que un político regreso una decena de ocasiones a Badiraguato en el sexenio anterior.


  • Gonzalo Oliveros
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