El hijo de la chingada

Jalisco /
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He visto pocas veces a Andrés Manuel López Beltrán en persona. Sí, es amigo de mis amigos y tenemos gustos en común en cuestiones musicales y gastronómicas, pero eso no nos ha puesto de manera tan usual en el mismo terreno.

Pero recuerdo una en especial cuando se realizó la primera edición de un festival de música en Los Ángeles. Se llama “Bésame Mucho” y la apuesta era arriesgada pero divertida: cinco escenarios circulares donde se presentarían los grupos más populares del rock, pop, grupero, electrónica y diverso (así como lo lee).

En el mismo lugar podía usted ver a Caifanes y Café Tacvba, a Los Tigres del Norte y los Ángeles Azules o a Ramón Ayala y Fey.

Y apenas son seis nombres.

Ahí, en la zona VIP –cara como mentira– estaban dos de los hermanos López Beltrán y sus respectivas novias. No, no tenían seguridad pero si la suficiente soberbia para empujar a quienes, según ellos, los veían de forma sospechosa.

¿Y cómo no ver de manera sospechosa a dos hijos del presidente en funciones lejano de la austeridad, los 200 pesos y el manejo discreto que tanto presumían ellos y su padre?

La realidad es que lo austero no existió nunca y, siendo honestos, tampoco tenían por qué sufrirlo: López Obrador recibió donativos múltiples en su vida y no hay político pobre en el país.

Pero la hipocresía del movimiento los llevó a un camino poco adecuado, explicarle a la población que durante años los vio como ellos que nunca fueron pares.

A eso, hay que agregar el factor mortal: Andy es fanático del bisne. No tiene el animal político del papá pero si la ambición que dirigió a amasar amigos que amasaron fortunas. Curioso sería que de ese enorme dinero creado por sus amigos de la infancia tanto en Tabasco como en Ciudad de México el junior no haya quedado con nada más que el descrédito. Imposible creerlo cuando -repito- las pocas veces que lo he visto en persona no era en lugares donde asiste la mayoría de la población votante de Morena.

Ahí están las fotografías de su viaje a Japón con bolsas de tiendas de diseñador y los posibles negocios en los Estados Unidos.

De ahí, de la incongruencia, llega la sospecha y la desconfianza.

López Beltrán anunció la pérdida de su visa el jueves pasado. El estilo de carta le queda al expresidente que construyó un personaje mentiroso y populista pero en vendible entre la masa votante. Leerlo desde la visión de Andy es cómico pues no tiene la altura moral o política para ese tipo de cartas. No es ni será su lugar en la Historia.

Eso termina por pegarle de regreso en la cara. Lo que en AMLO es desafío, en Andy es soberbia, lo que en AMLO es cultura y conocimiento, en Andy es Chat GPT o –peor– el papá haciendo la tarea, lo que en AMLO es sugerencia, en Andy es acto fallido.

López. Obrador aparentaba defender el país por encima de su persona y su destino, López Beltrán presiona su defensa personal por encima del futuro de México.

¿Por qué la presidenta Sheinbaum permite eso?

No es sumisión, no nos confundamos, es el permitir la autodestrucción del principal rival interno de su proyecto a 2030.

Omar García Harfuch tiene el afecto de la presidenta y de los cuerpos de seguridad de los Estados Unidos. No ha sido por su carisma y presencia sino por resultados, arreglar el incendio que de forma accidental o intencional dejó el líder de MORENA y que permitió el aumento al contrabando de combustible y los negocios satélites de un tráfico de drogas que no paró y que, al contrario, expandió al fentanilo hasta convertirlo en un problema mayúsculo de seguridad nacional y salud pública en los Estados Unidos.

Andy sabe que se hará lo que digan desde la Chingada, como hijo predilecto de la finca tendrá la protección del partido, el gobierno y el poder.

Pero la percepción pública es demoledora: el hijo de AMLO no podrá competir más allá de una diputación local. Darle otros elementos es acabar con el partido.

Y al debilitarse López Beltrán, se debilitan los ultras y crece Harfuch.

Si no existe la oposición, claro que existe el plan B dentro de Morena con un heredero natural de un PRI muy similar al que es el partido en el poder hoy día.

Su abuelo y su padre estarían orgullosos.


  • Gonzalo Oliveros
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