Cuando imaginamos dónde se inventa el futuro, con frecuencia pensamos en lugares lejanos. Los grandes descubrimientos, las tecnologías que transformarán nuestras vidas y las conversaciones que definen hacia dónde avanza la ciencia todavía pueden sentirse como algo que sólo sucede en otros países. Es hora de cambiar esa idea y reconocernos también como protagonistas.
Estoy convencida de que en México hay talento, y mucho. Hay creatividad, capacidad científica y una enorme habilidad para encontrar soluciones incluso en condiciones complejas. Las trayectorias de tantos mexicanos que han destacado dentro y fuera de nuestra región lo demuestran. El talento ya está aquí. Y cada vez con mayor fuerza también está surgiendo aquí el ecosistema para impulsarlo.
Monterrey ofrece hoy señales muy interesantes de esa transformación. Una de ellas ocurrirá este noviembre, cuando la International Conference on Biofabrication 2026, encuentro mundial que cada año reúne a esta comunidad y cuya sede alterna entre Europa, Asia-Pacífico y las Américas, llegue por primera vez a Latinoamérica.
En el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey, convergerán quienes trabajan en tecnologías que hace apenas unas décadas parecían ciencia ficción: fabricar tejidos vivos para desarrollar terapias y acelerar el avance de la medicina; avanzar hacia la posibilidad de fabricar órganos en laboratorio; incluso producir carne a escala sin necesidad de criar y sacrificar animales.
Los avances científicos son fascinantes. Y también lo son los encuentros que ocurren alrededor de ellos.
La biofabricación es, por naturaleza, una comunidad diversa. En ella convergen la ingeniería, la medicina, la biología, la física, los materiales y el diseño; estudiantes, profesores, investigadores, emprendedores, empresas, inversionistas y curiosos que desean entender y contribuir a lo que viene.
Cuando comunidades así se encuentran, suceden cosas difíciles de imaginar. Una conversación puede convertirse en una colaboración, un reto puede encontrar una solución y personas que parecían trabajar en proyectos distantes pueden descubrir que juntas tienen las piezas para resolver un problema común.
Y puede ocurrir algo todavía más personal: podemos descubrir algo sobre nosotros mismos.
Lo viví en carne propia. Cuando comencé a participar en la comunidad internacional de biofabricación; me sentía casi como turista, presentando el trabajo que hacíamos desde México. Encontrarme con colegas que veían nuestras ideas como valiosas, pertinentes y al nivel de la conversación internacional cambió también la manera en que yo las veía. A veces necesitamos acercarnos para descubrir que ya éramos parte.
Eso es algo que quisiera que experimentaran muchas más personas.
Que un estudiante pueda conversar con quien escribió el artículo que acaba de leer. Que un profesor o emprendedor encuentre a quien complemente una idea y le ayude a llevarla más lejos. Que un investigador se siente frente a alguien a quien admiraba desde lejos y descubra que puede conversar de igual a igual.
Y esta vez, esos encuentros no estarán a miles de kilómetros de distancia. Sucederán aquí, en el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey.
Algo importante está tomando forma en nuestra ciudad. Un Distrito de Innovación que alberga importantes espacios de impulso académico e investigación como Expedition Femsa, el Hub de Innovación y Emprendimiento Eduardo Garza T, y otros que crecen alrededor de nuestras instituciones reflejan una apuesta colectiva: la decisión de confiar en nuestro talento y dedicar visión y recursos a construir un ecosistema donde conocimiento, talento, emprendimiento e innovación puedan encontrarse.
Un encuentro internacional como éste puede sumarse a ese terreno fértil: acercar comunidades, provocar colaboraciones y permitir que nuevas ideas germinen. Porque quizá uno de los descubrimientos más poderosos que podemos hacer al acercarnos a la ciencia de frontera sea descubrirnos también a nosotros mismos dentro de ella.
Somos capaces de participar. Nuestras preguntas importan. Nuestras ideas tienen valor. La ciencia también nos pertenece.
El futuro ya se está construyendo. Podemos observarlo desde lejos o acercarnos, tomar asiento y participar en construirlo. La decisión es nuestra.