Hay costumbres que con los años se convierten en tradiciones y otras que terminan formando parte de la identidad de una ciudad. Pachuca tiene varias, pero pocas pueden presumir la historia y el arraigo de la Feria de San Francisco, aquella que generaciones de pachuqueños conocieron simplemente como San Pancho.
Sus antecedentes tienen varios siglos. Durante el XVIII, Pedro Romero de Terreros, primer Conde de Regla y benefactor del convento de San Francisco, tuvo una estrecha relación con esta celebración. La tradición cuenta que cada 3 de octubre partía desde Huasca acompañado de trabajadores y fieles, pasaba por Omitlán y Real del Monte y llegaba a Pachuca la madrugada del día 4. Alrededor del convento aparecían comerciantes con comida, juguetes, dulces, ganado y semillas.
Para 1868, aquella celebración tenía tal importancia que, cuando Pachuca todavía pertenecía al Estado de México, se expidió un decreto para conceder formalmente a la ciudad una feria anual.Después vendrían distintas etapas y cada generación fue agregando algo a la celebración.
En 1967, durante la presidencia municipal de Darío Pérez González, comenzó lo que publicaciones de la propia feria denominaron su “historia moderna”. Los festejos se realizaron los días 3 y 4 de octubre, alrededor del templo de San Francisco y, con el paso de los años, la feria cambió de espacios, incorporó exposiciones agrícolas, ganaderas, industriales y comerciales, hasta adquirir otras dimensiones.
San Pancho dejó imágenes que todavía permanecen en la memoria de muchas familias: las calles Hidalgo, Arista y Morelos llenas de puestos; los juegos alrededor del Parque Hidalgo; las loterías marcadas con granos de maíz; las máscaras y caballitos de cartón; las muñecas, cazuelas y jarros; las sillas voladoras; el pulpo y la rueda de la fortuna; las chalupas y los pambazos y la garapiñada de La Floresta.
Anselmo Estrada Alburquerque, Ramón Santamaría, Víctor Manuel Ballesteros, Jaime Rubio Gómez, Bernardo Arroyo y Miguel A. Hidalgo escribieron sobre feria. Dejaron testimonios que hoy permiten reconstruir el modo de realizarse. Entendieron, quizá, que San Pancho no era sólo un festejo de octubre, sino una tradición que reunía a la ciudad.
La feria continúa reuniendo a comerciantes, que conservan la gastronomía y ofrecen las artesanías de la región. Sin embargo, es necesario reconocer que la feria de San Francisco ha renovado, acorde con los tiempos actuales, los alimentos y los productos que expende. Como toda tradición, también se adecua a los avances de la sociedad contemporánea. La historia de la tradición rescata para las generaciones actuales, la manera en que nuestros ancestros la vivieron; por lo que, merecen conocerla.
Hay una tarea importante para las autoridades: preservar, difundir y sensibilizar sobre el valor de esta celebración; hacer que su historia llegue a escuelas, familias y nuevas generaciones, y que los propios pachuqueños conozcamos el porqué, cada octubre, San Francisco vuelve a ocupar un lugar especial en la ciudad.
Este octubre vale la pena regresar a San Francisco, caminar por sus calles y mirar la feria con otros ojos; quizá también sea buen momento para contarles a nuestros hijos y nietos por qué, desde hace tantos años, en Pachuca seguimos yendo a San Pancho.