No soy muy afecto a los musicales de Disney, pero me confieso admirador de Will Smithy de Guy Ritchie, así que tras poner estos elementos en la balanza pesó más mi inclinación por el actor estadounidense y el director británico. Pues bien, el remake en live-action de Aladdín comienza con dos niños a bordo de un navío modesto en alta mar. Súbitamente, se sorprenden por la presencia de un barco enorme al lado del suyo, como si hubiera aparecido mágicamente. La escena colinda con el ridículo y bien puede provocar una sonrisa a los espectadores que desacreditan en la nueva versión; sin embargo, segundos después, cuando Will Smith comienza a cantar “Arabiannights”, la felicidad de los detractores huye. La melodía cautivadora, que obtuvo merecidos minutos adicionales, es suficiente para tranquilizar a los desconfiados y traer de vuelta aquella nostalgia. El nuevo Aladdín sigue la tradición de la nueva onda de remakes de Disney, es decir, el estudio trae la historia casi idéntica a la postulada en los dibujos animados, aunque actualiza las tramas que hoy en día no funcionan. En concreto me refiero a la figura femenina. Así como la Bella Durmiente, Cenicienta y Bella, Jazmín era una princesa que encuentra salvación en la figura masculina. En la versión de Guy Ritchie esto no acontece. La princesa encarnada por Naomi Scott tiene como obstáculo las reglas patriarcales que le impiden convertirse en sultana, por más que sea la sustituta más apropiada para el trono. Fuera de eso, el arco de cada personaje y hasta ciertos diálogos de Aladdín permanecen absolutamente iguales que el dibujo animado. Esto en parte es bueno, ya que se traen de vuelta canciones queridas, personajes arquetípicos y un mensaje inspirador. Sin duda, ante el desafío de superar una calidad meramente nostálgica, la nueva versión asombra. Respecto al performance, había cierta incredulidad sobre los actores sobre los cuales reposa la trama, particularmente por ser poco conocidos. Mena Massoud rebate la expectativa negativa de su interpretación en sus primeros cinco minutos en la pantalla. El actor consigue capturar todo el encanto del protagonista y le agregó un toque desaliñado a la astucia del personaje, convenciéndome de principio a fin. A su vez, Naomi Scott hace de Jazmín su propia creación. En vista de que su personaje es diferente de la versión de 1992, Scott tuvo la oportunidad de desarrollar con mayor libertad una princesa firme y ambiciosa, y su número musical, aunque excesivamente pop para el contexto, es conmovedor. El próximo martes concluiremos.
Aladdín (1 de 2)
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