Es inevitable que esta columna contenga algunos spoilers, aunque no definitivos, porque se sustentarán en el final de la serie de televisión Breaking Bad, cuyo conocimiento de la trama es necesario para entender el drama creado por Vince Gilligan para Netflix e investido como largometraje. Sí, se trata de una película que será mejor comprendida si el espectador ya atestiguó la historia de Walter White (Bryan Cranston), un profesor de química que se convierte en el mayor productor y traficante de metanfetamina de Estados Unidos debido a que le diagnostican cáncer terminal y no tiene recursos para garantizar la sobrevivencia de su familia. Bajo esta premisa, la historia se desarrolló en cinco temporadas y todos los personajes tuvieron su cierre, salvo Jesse Pinkman (Aaron Paul), exalumno y brazo derecho de White. En sus capítulos finales, Jesse es abandonado por White en las manos violentas de una pandilla de traficantes neonazis que lo mantienen como un esclavo obligado a seguir produciendo droga. Cuando consigue huir en el Chevrolet El Camino, gracias a la intervención de White, que termina inmolándose en favor de su pupilo, grita de alivio y alegría, una escena que sugiere un final feliz para el personaje, lo cual es el inicio de este largometraje visceral y satisfactorio. Jesse terminó la serie perdiendo toda señal de humanidad, que ya era desde la cuarta temporada muy pálida, y toda esperanza de cualquier conciliación con la sociedad. El filme contiene escenas estrechamente ligadas a la serie que provocan justamente el diálogo interior de Jesse. Las analepsis (o flashbacks) hacen que el personaje reflexione sobre las actitudes que adoptó o que fue obligado a adoptar, ya sea por White, por sus captores o por él mismo, gracias a su línea de valores morales. La película presenta con gran tino un nuevo plano del clásico suspenso narrativo al que nos acostumbró Gilligan en la serie televisiva. La trama es muy simple: deshacerse de El Camino y huir de la ciudad; sin embargo, al intentarlo desenrollará un estambre de confusiones y obstáculos para darle sentido a su fuga. Vale la pena destacar el impecable tratamiento del sociópata Todd Alquist (Jesse Plemons, cuyo músculo histriónico ya ha sido mostrado en Fargo y en Black Mirror), uno de los captores de Jesse y que habita el universo de Breaking Bad. Su presencia es útil no sólo para comprender las motivaciones de Jesse, sino como palanca para que el personaje se concilie finalmente consigo mismo.
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Gustavo Guerrero
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