M+.- Dice Cecilia Soto, exembajadora mexicana en Brasil y conocedora de ese pueblo, que un factor en la derrota de Lula fue que anduvo durante la campaña “de salto alto”, es decir, “con tacones altos”, es decir, subestimando a su adversario, a quien veía no sólo joven e inexperto, sino cargado por la sombra golpista del padre, y por un enredo familiar con la madrastra digno de un culebrón telenovelero (esto último, lo añado yo).
Ayudaron a Lula en su alto taconeo las casas encuestadoras, que lo dieron siempre adelante, y el propio Lula, que se creyó las encuestas al grado de que su primera declaración después de la elección fue que estaba sorprendido, porque había pensado ganar con facilidad.
No estaba viendo el resto de la elección, los indicios de un viraje profundo en el electorado, porque Lula perdió sólo por 2 puntos, pero el bolsonarismo arrasó en ciudades centrales, como Sao Paulo, ganó muchas posiciones en el Congreso y está en posición de definir la mayoría en el Poder Judicial.
Los ocho puntos de la votación que no fueron para Lula o Bolsonaro fueron para partidos y candidatos de “derecha” o “centro derecha”, por eso la expectativa es que el hijo de Bolsonaro gane en la segunda vuelta.
Cecilia Soto sitúa parte del viraje de esta elección en el auge de los votantes evangélicos, en la fatiga por la repetición de Lula como candidato y en la influencia de Trump.
Parecen también factores de la derrota de Lula el bajo desempeño económico, un déficit fiscal alto de 10 por ciento, la inflación subyacente y, con ella, el menor rendimiento económico y social de los subsidios monetarios del gobierno.
Añado un factor pendular: el desgaste latinoamericano de lo que la prensa llama gobiernos “de izquierda” y el auge de los que llaman “de derecha”.
Entrecomillo estas etiquetas porque explican cada vez menos y confunden cada vez más. Hay que aprender a leer a través de ellas lo que verdaderamente pasa en la gente y en la política de nuestros países, porque es claro que están cambiando mucho.
Tanto, que Brasil cambió.