M+.- México no está para jugar a la fábula castrista de David y Goliat, a nombre de una soberanía y de una dignidad que en Cuba acabaron sólo en una dictadura catastrófica.
La apuesta por la soberanía de que hablan el ex presidente y la presidenta en funciones, es una coartada de dignidad nacional para hacer la defensa indigna de los suyos, no del país.
El eco cubano de la coartada morenista es perceptible, son virus de la misma cepa, la cepa de la dignidad soberana ante el imperio que produjo en Cuba la menor soberanía y la mayor indignidad imaginables: la indigencia inducida por la misma dictadura.
A otro perro con ese hueso.
La hegemonía morenista, por su parte, no es igual en estos momentos a la suma de los dichos del ex presidente y de la presidenta en funciones.
La adhesión y la disciplina de los políticos profesionales de Morena están tocadas por el grito de “sálvese quien pueda” ante la presión americana y por la urgencia de garantías de impunidad nacional.
Es lo que sus líderes presidenciales les ofrecen con la coartada de la soberanía. Pero los políticos morenistas son cualquier cosa menos unos párvulos creyentes en que las palabras de sus líderes contendrán a Washington. Saben que viven bajo techo de cristal, a merced de las piedras que caigan del norte.
El morenismo anda estriado, además, por la desafección oportunista de sus partidos aliados, por sus impresentables gobiernos locales y por sus pleitos internos en la época de pleitos por excelencia, que es la de la puja interna por candidaturas.
La morenista es una hegemonía sacudida por el miedo al exterior, deteriorada por sus malos gobiernos y tironeada por la caza interna de candidaturas hacia las elecciones de 2027.
Los aliados de Morena se deslindan, sus altos lideratos necesitan refrendar el pacto de impunidad que los reunió y que nadie puede garantizarles.
Por último, el estancamiento de la economía pone en riesgo los subsidios en efectivo a sus clientelas.
Mal tiempo, repito, para épicas personales de soberanía y de gobiernos arrogantes. Morena no es México, sus intereses no sólo no son los mismos que los del país, sino que han empezado a divergir riesgosamente.