Dos leyes más para la dictadura germinal de México

Ciudad de México /

M+ El gobierno pierde el rumbo en casi todo, pero no en su decisión de volverse una dictadura legal.

No pudo hacer el cambio de la Constitución que proponía para lisiar opositores y apropiarse de los órganos electorales, porque sus propios aliados se opusieron.

Aceptaron la derrota, pero han vuelto a la carga, en busca de lo mismo, con dos proyectos de ley que podrán aprobar sólo con sus votos, y que se presentan como el non plus ultra de la legalidad contra la intromisión del crimen en las elecciones y de la defensa de la soberanía.

La primera ley crea un organismo de revisión de candidatos de todos los partidos para determinar si tienen cuentas pendientes o antecedentes preocupantes de ligas con el crimen, el dinero ilícito, la corrupción, etcétera.

El organismo emitirá avales de limpieza o advertencias de turbiedad para los candidatos de todos los partidos y los partidos decidirán libremente qué hacer con ellos, si, salvo que los avales y las advertencias las emiten sólo instancias del gobierno federal.

Los partidos pueden aceptar o no la calificación oficial, pero se arriesgan a que esos expedientes sean utilizados como materia de litigio contra sus candidatos ganadores después de la elección.

La segunda ley en marcha es la que autoriza a declarar nulas elecciones en las que haya injerencia extranjera, definiendo como injerencia casi cualquier cosa no mexicana que pueda o quiera influir en los resultados electorales.

La vaguedad de la definición de “injerencia” es una patente de corso para que un juez pueda definir como tal casi cualquier cosa dicha o hecha por un extranjero, sea persona, gobierno o garabato.

Son dos leyes que le permiten a la llamada 4T levantar espadas de Damocles sobre cualquier elección: o porque las ganó un candidato inapropiado según el gobierno, o porque alguien de fuera trató de influir en ellas.

Lo que une estas dos leyes en su designio autocrático es que las aplicará el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, un tribunal groseramente capturado por el gobierno, que vive en la rutina de la servidumbre voluntaria.

La dictadura germinal de México sigue germinando.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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