M+ Hay algo que aprender en los motines franceses de fin de semana. Primero, que son sorprendentes, pero no gratuitos.
Tienen su origen en crisis convergentes, que el columnista de The New York Times, Mujtaba Rahman, describe como una “espiral perversa”.
Primero, una crisis de la democracia liberal, que puede entregarle el poder a la extrema derecha en las elecciones de la primavera que viene.
Luego, una crisis fiscal, con la deuda pública de Francia en los 4 billones de dólares, equivalentes a 119% de su producto interno bruto, sin que se haya hecho un ajuste serio de los gastos del Estado francés en el último medio siglo. Por el contrario, aumentaron los gastos con el covid y el déficit actual es de 9.1% anual.
Finalmente, la crisis del descontento juvenil por escuelas ruinosas, muchas y largas horas de clase, ausentismo de maestros y pocas oportunidades de empleo.
La protesta juvenil, por la subinversión educativa, empezó en septiembre en los barrios pobres de ciudades de provincia y se expandió rápidamente a todo el país, hasta tomar París la última semana.
¿Subinversión educativa? ¿En Francia? Pero si Francia gasta en educación 5.1% de su producto interno bruto, más que el promedio europeo. Sí, pero el Estado francés gasta más en sus viejos que en sus jóvenes. Gasta una cuarta parte de su presupuesto en pensiones y otra cuarta en servicios sociales, salud, desempleo y educación.
Esta es la estructura que rechina: la acumulación de gasto social que no puede financiarse sino con déficit o deuda, y lleva al desbalance fiscal crónico, a expectativas sociales defraudadas y a descontento político.
Es lo que empezamos a ver en México con el IMSS y lo que puede anticiparse para la batería general de repartos de dinero en efectivo del gobierno.
En la sacudida francesa hay una variable que investigar aparte. Es la violencia vandálica, que tiene su propia red de activación profesional.
No la juzgo espontánea. En eso, allá como acá, no hay lógica social, creo: hay mano negra.
MILENIO Televisión cumple mañana
18 años de estar al aire. Ya es una historia
de éxito; le falta lo mejor. Felicidades.