M+.- “Urge que entre todos construyamos una estrategia y un programa para fortalecer fiscal y financieramente al Estado mexicano, de tal manera que sentemos bases sólidas para construir un estado de bienestar. De otra manera, muchos derechos se convertirán en meras ilusiones constitucionales”.
Así dijo a Proceso Alfonso Ramírez Cuéllar, el diputado que Claudia Sheinbaum hubiera querido tener como jefe de la bancada de Morena en esa cámara.
Son palabras mayores.
Venidas de la oposición o de la crítica, serían recibidas por el gobierno sólo como malos deseos y sesgo analítico de sus “adversarios”.
Venidas de Ramírez Cuéllar son un síntoma de tensión/preocupación amiga, una confesión interna de que el pilar de la popularidad de la Presidenta, y de la adhesión electoral a Morena, puede saltar por los aires con una crisis fiscal, de modo que ya no se pueda repartir dinero de los contribuyentes a los 42 millones de mexicanos que lo reciben, repartos elevados a obligación constitucional por el propio morenismo.
Supongo que el “todos” a que se refiere Ramírez Cuéllar, “todos” los que deben “fortalecer fiscal y financieramente” al Estado, no incluye al gobierno que hay que salvar.
Quiero decir, no incluye que el gobierno reparta menos dinero, suba los años de jubilación, deje de inventar “programas sociales” que implican reparto de dinero y no aumente los montos de los repartos vigentes.
En particular, que no repita para la elección de 2027, repartos extras para aceitar votantes, ni contrate deuda pública para crear un ambiente de bonanza, como en las elecciones de 2024.
Si el gobierno morenista quiere más dinero de su sociedad, que ponga su ejemplo de austeridad donde le duele, en sus clientelas electorales.
Y que rinda cuentas claras de en qué se gastó la gigantesca deuda contraída en los últimos ocho años: 9.6 billones de pesos, 9 por ciento del PIB, un aumento de la deuda por persona de 84 mil a 143 mil pesos.
¿De qué tamaño tendría que ser la reforma fiscal que propone Ramírez Cuéllar para satisfacer las necesidades de estos gobiernos sin llenadero y de sus ilusorias promesas constitucionales?