Quedó borroso, en el fondo de la revuelta nicaragüense, su punto de ignición: el intento de rebajar las pensiones del país, porque se habían vuelto impagables.
En un esclarecedor artículo sobre el trasfondo de esa decisión, Joaquín Villalobos puso los puntos sobre las íes:
En Nicaragua estamos asistiendo al fin de la fiesta petrolera venezolana, que sostuvo los déficits de varias economías improductivas de la región, señaladamente Cuba, pero también Nicaragua, antes de hundirse en el abismo de deuda, inflación y empobrecimiento que sus torpes dispendios crearon.
El dinero venezolano, nos recuerda Villalobos, construyó una red geopolítica: financió Unasur, subsidió a Cuba, Nicaragua, Ecuador, El Salvador, Honduras, Chile, Argentina, Bolivia y España.
El flujo petrolero venezolano creció con el aumento internacional de precios de la década pasada, mientras Chávez destruía la economía de su país con controles “revolucionarios” que llevaron a la expropiación de 700 empresas y al cierre de 500 mil.
Cuando el precio del petróleo bajó no quedaban sino agujeros en aquel castillo geopolítico de naipes. Ni los gobiernos subsidiados habían hecho productivas sus economías ni la gallina venezolana de los huevos de oro tenía más huevos que poner en sus oleoductos.
De aquel flujo, Daniel Ortega recibió, dice Villalobos, 3 mil millones de dólares, los millones que “parieron la autocracia nicaragüense” y convirtieron a Ortega y a sus hijos en empresarios a la Somoza: agregados de poder político y económico.
Cuando se redujo el pesoducto venezolano, menguó la viabilidad de la economía nicaragüense. Hubo que empezar a pagar la fiesta con recursos propios.
Confiando en el poder que había acumulado, Ortega incendió la casa: quiso bajar el costo de las pensiones de la gente. La protesta no se hizo esperar. Tampoco la respuesta violenta del gobierno, que dura hasta ahora.
Concluye Villalobos: “La brutal represión en Nicaragua acabó la confianza que (Ortega) había generado en el mercado y abrió un camino sin retorno. El gobierno ha regresado a las expropiaciones y se estima que 215 mil empleos se han perdido; ya no habrá crecimiento, sino más pobreza, más crisis social, más emigración, más descontento, y un irreversible y creciente rechazo al régimen”. El artículo de Villalobos en https://bit.ly/2vGyyhm.
En Nicaragua agoniza, como en Venezuela y en Cuba, la “izquierda bolivariana”.
hector.aguilarcamin@milenio.com
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Héctor Aguilar Camín
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