No llegaron todas

Ciudad de México /

Se entiende la intención política, y la simbólica, de decir que con el triunfo de la primera mujer presidenta de México llegaron al poder “todas” las mujeres mexicanas.

Nadie pretende, creo, que la frase describa la realidad. Es una frase que declara no un hecho, sino un propósito, un compromiso presidencial con las mujeres, propósito y compromiso que irán más allá de lo que ha ido cualquier gobierno previo.

La frase promete un antes y un después en las políticas públicas llamadas a cerrar la brecha de las desigualdades y las opresiones de género, un nuevo mundo institucional para las mujeres.

La legitimidad del dicho pone el dedo en la deuda, no en la realidad. Es un dicho que solo puede cumplirse, legitimarse, por sus resultados. Por su punto de llegada, no por el de partida.

Tanto el punto de partida como el de llegada son medibles. No son materia de opinión. Hablamos de cambios o de falta de ellos, de mejoras o de falta de mejoras en asuntos tangibles para las mujeres: trabajo, salario, igualdad, discriminación, seguridad, violencia, justicia, educación, salud, presupuestos. En suma, toda la arquitectura política, legal e institucional de género.

Desde que “llegaron todas”, en las mediciones de las que disponemos hay todo menos el registro de un cambio fundamental, trascendente, en la situación de las mujeres mexicanas.

La prensa y las redes sociales han sido oportunas en la publicación de balances de las realidades anteriores y posteriores a la llegada de la primera presidenta de México al poder.

No hay grandes transformaciones en todo el paquete. Tampoco en un indicador cualitativo, difícil de medir en cifras, pero claro en el discurso y las actitudes del gobierno.

Me refiero a la solidaridad con las mujeres sometidas a miedos y tragedias cotidianas que cercan sus vidas, en medio de la violencia impune que las acecha, las lastima o las mata, o acecha, lastima y mata a sus seres queridos.

Hay un enorme contingente de mujeres que no solo no llegaron al poder con la primera presidenta de México, sino que están excluidas de su atención y su solidaridad: las víctimas de la violencia. 


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite