Por una historia servidora

Ciudad de México /
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M+ Discute el historiador Jean Meyer la decisión de convertir el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México en una trinchera de uso político de la historia.

El instituto de kilométrico nombre es una dependencia oficial creada en 1953 como Instituto de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (Inehrm).

Luego de que “la revolución hecha gobierno”, el PRI, perdió la presidencia, los gobiernos del PAN le cambiaron el nombre al instituto, pretenciosa y equívocamente.

El instituto fue rebautizado como de estudios no de la Revolución mexicana, sino de las Revoluciones de México. Decidieron que la Independencia de 1810 y la Reforma de 1857 habían sido también “revoluciones”, con lo cual quedó revolucionada, oficialmente, toda la historia independiente de México.

Huyendo de la Revolución mexicana que no querían celebrar o reconocer, los gobiernos panistas le dieron a todos los movimientos de la historia nacional moderna el carácter de revolucionarios.

Fue una pifia conceptual y política, pero el instituto conservó bajo el nuevo nombre su propósito de estudiar la historia, sin mayores resultados que yo recuerde, salvo por su biblioteca y por una política editorial que puso a circular, en espléndidas ediciones, obras fundamentales de la historia del siglo XIX y del siglo XX.

Morena se cansó de la inutilidad del instituto y decidió volverlo, también, una Escuela Nacional de Formación Política, llamada, entre otras cosas, a combatir el “ascenso de las derechas” en el mundo y especialmente en América Latina.

El instituto es ahora una dependencia de la también kilométrica Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, cuya titular, Rosaura Ruiz, dijo en una mañanera lo del “ascenso de las derechas” y también esto: “frente a los discursos de odio que buscan exacerbar el clasismo, el racismo y la división social, la historia y la memoria de nuestro pueblo deben ser una barrera moral”.

El instituto anunció licenciaturas, maestrías y tres colecciones de libros, entre ellas una de “clásicos del pensamiento mexicano de izquierda”.

Quieren una historia que sirva a la causa del gobierno. “La historia que sirve, es sierva”, dice Meyer.

Dice bien.



  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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