M+ Apenas se pone la mirada en las realidades estructurales del sector salud, del IMSS en particular, aparece un paisaje de números tristes.
Esto no se va a curar rápido ni en manos de los que han producido la enfermedad.
Recomiendo la lectura del texto publicado por Octavio Gómez Dantés y Edson Serván Mori, IMSS: águila que cae.
Gómez Dantés y Serván Mori documentan tres realidades: la precariedad laboral de los trabajadores del IMSS, el éxodo de sus derechohabientes al sector privado y el crecimiento de los gastos en salud de la población asegurada.
Abordaré aquí sólo el primero de los temas.
Un trabajador está en precariedad laboral cuando presenta una o varias de las siguientes condiciones: carece de contrato laboral escrito, no gana más de dos salarios mínimos, tiene una jornada laboral parcial o excesiva, no tiene prestaciones sociales, carece de seguridad social y de acceso a los servicios de alguna institución de salud.
Según esos criterios, la precariedad laboral en el sector salud ha crecido dramáticamente. Entre los médicos, pasó de ser el 57.7% en 2005 al 81.4% en 2025. Entre las enfermeras, el alza fue de 50.5% a 76.6%.
Un caso límite es el de los 25 mil médicos residentes del IMSS. Tienen jornadas semanales de hasta 80 horas de trabajo. Sus sueldos y becas son de entre 6 mil 200 y 7 mil 900 pesos mensuales.
Un nutricionista dietista del IMSS tiene un sueldo neto de entre 6 mil 800 y 7 mil 100 pesos por una jornada de ocho horas. Un laboratorista gana entre 7 mil 200 y 7 mil 800 pesos. Una afanadora, entre 4 mil 500 y 5 mil 300 pesos.
Por contraste, los 476 mil beneficiarios de Jóvenes Construyendo el Futuro reciben 9 mil 500 pesos mensuales y su afiliación al IMSS.
¿Hay en esto alguna justicia laboral, social, moral, profesional, humana?
Frente a estas realidades contrastantes, las muchas palabras sobre el sector salud que hemos escuchado en estos días de parte de las más altas autoridades del país y del sector no pueden sino parecer lo que son: triviales.
El sector salud está enfermo de falta crónica de presupuesto y de la ceguera voluntaria de quienes deberían dárselo.