M+.- Como todo el mundo, México padece una baja en su natalidad. Es una baja presente en 219 de 236 países, pero la de México es muy alta. Ha sorprendido a todos, pero preocupará a muy pocos, ojalá a quienes nos gobiernan.
La caída es brutal. Parte de la comparación de los censos de 2020 y 2025. En el primero ya la tasa de natalidad era de 1.9 por mujer, lo que quiere decir que cada pareja tenía menos de dos hijos, es decir, no se reponía biológicamente a sí misma.
En 2025, la natalidad por mujer bajó a 1.2, es decir que cada pareja, por decirlo así, tuvo sólo un hijo, lo que quiere decir que la sociedad mexicana tiene cada año menos niños y jóvenes y es una sociedad en rápido envejecimiento.
Algunas de las razones de la tendencia son buenas: a mayor educación y mayores opciones profesionales, las mujeres quieren tener menos hijos. Luego, hay razones económicas: bajos ingresos, falta de vivienda, el costo creciente de criar y educar a los hijos. También hay algo que parece broma: las parejas jóvenes pasan más tiempo metidas en sus celulares que en la cama.
El hecho es que la sociedad mexicana tiene una tasa de natalidad por mujer cercana a la de Japón, de 1.15 por mujer, y Japón es el ejemplo mundial de país viejo que, además, envejece.
Dentro de 25 años habrá en México muchos menos jóvenes trabajando y muchos más viejos dependiendo de la productividad y los cuidados de esos jóvenes.
Los sistemas de pensiones en México son ya una bomba de tiempo, y no harán sino multiplicar sus requerimientos y sus riesgos.
Lo terrible del asunto es que la tendencia instalada no tiene remedio. Como ha dicho Jorge Andrés Castañeda, no hay cómo reponer en las siguientes décadas a quienes ya no nacieron, salvo mediante una gigantesca inmigración de jóvenes de otros países, si los hay.
El futuro de un México de viejos sin pensiones y jóvenes escasos ya está aquí. Las cifras intercensales de 2020 y 2025 son el retrato adolescente de nuestro futuro.
Ese adolescente ya está aquí.