El movimiento económico mexicano y el latinoamericano en su conjunto parecen estar de acuerdo en la idea de que hay que avanzar, aunque sea poco, pero hay que avanzar. Una prueba de ello es que las expectativas de crecimiento para 2026 siguen siendo moderadas, al igual que ha ocurrido en años anteriores e incluso en décadas anteriores. Mientras que la economía mexicana crecerá apenas por encima del 1 por ciento, en América Latina se proyecta un repunte apenas superior al 2 por ciento en 2026. Y eso que la región latinoamericana viene de una década pérdida en materia de crecimiento, en tanto México tiene tres décadas con un repunte promedio del 2 por ciento anual.
Una lectura de los periódicos, sobre todo de las noticias viejas, nos llevará por una especie de dejavú constante en donde siempre hay factores externos que limitan la economía: la incertidumbre, las guerras comerciales, las renegociaciones de acuerdos comerciales, los aranceles, los cambios de gobierno, los conflictos armados o alguna mala cosecha siempre aparecen como causantes de problemas que finalmente terminan con un crecimiento insuficiente, con inversiones que no se concretan, con empleos escasos y cada vez más precarios, y un largo etcétera. Lo cierto es que nuestras economías crecen poco y con eso no alcanza para mejorar en aspectos como la lucha contra pobreza o la desigualdad.
Como botón de muestra, lo que pasa en el mercado laboral es sintomático: los países latinoamericanos necesitan generar entre 4.5 millones y 5 millones de empleos por año para atender la demanda de los jóvenes que se incorporan al mercado. Pero la realidad nos dice que apenas se generan, en promedio, entre 2 millones y 2.5 millones de puestos formales, lo que representa aproximadamente la mitad de la necesidad. Como resultado, no solo tenemos economías que crecen poco sino que generan pocos empleos y eso equivale a que millones de personas tengan que buscar oportunidades en la informalidad.
Lo mismo le pasa a México: con una necesidad de generar 1.2 millones de puestos de trabajo al año, los datos indican que con mucha suerte se atiende a la mitad de la demanda y el resto termina trabajando en la informalidad. De acuerdo a los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), de enero a agosto de 2026 se generaron 281 mil empleos formales. Es decir, palabras más, palabras menos, este año también cerrará lejos de la meta.
El dinamismo económico latinoamericano está en crisis porque carece de impulso propio y no logra resultados importantes en cuanto a crecimiento, a generación de empleos, a la calidad del trabajo, a inversiones, a innovación y, sobre todo, no alcanza a revertir o minimizar la pobreza, la precariedad y la desigualdad. Vivimos en la región más desigual del mundo y aquí no alcanza con avances limitados o esporádicos. Hace falta una sacudida fuerte, una reinvención y una nueva estrategia para que los resultados económicos sean más importantes, más distributivos y de mejor calidad.