Claves ignoradas

Jalisco /

No es ninguna novedad que América Latina se encuentra entrampada en los problemas del escaso crecimiento económico, elevados niveles de pobreza y una desigualdad que se ensancha y que profundiza día a día el malestar social. En este sentido y como si fuera una especie de eterno retorno nietzscheano, el Banco Mundial acaba de recortar su pronóstico para la región y estima que el crecimiento promedio será de 2.1 por ciento en 2026, una cifra que no sólo es inferior al 2.4 por ciento que se registró en 2025 sino que representa un claro estancamiento con relación a los últimos años.

Pero lo más curioso de las perspectivas del Banco Mundial no está en el crecimiento insuficiente, en el contexto de inflación, la crisis energética o los efectos negativos de un entorno internacional marcado por la guerra y la incertidumbre: el organismo recomienda una serie de acciones para mejorar las economías que van desde invertir en educación y universidades hasta fortalecer la seguridad jurídica y ciudadana. Así mismo, recomienda garantizar un marco regulatorio estable y manejar con prudencia las finanzas públicas.

Es bastante complicado referirse a estas claves porque se trata de recomendaciones conocidas, estrategias probadas e incluso verdades de perogrullo que se enfrentan a aquella vieja expresión de que América Latina es “el cementerio de las teorías”. Es decir, muy probablemente los resultados que pudieran obtenerse de seguir estas recomendaciones serían muy beneficios tanto para el crecimiento de la economía como para la distribución de la riqueza, pero en esta región del mundo las recetas, las claves y las fórmulas del éxito se vuelven tan relativas que terminan en el cajón del olvido, de los recuerdos o en el de las cosas que alguna vez, cuando tengamos tiempo, podemos probar para ver si es cierto que traen cosas buenas.

Si miramos los resultados latinoamericanos, curiosamente los dos países que tienen mejores niveles educativos son los que tienen menos pobreza: Uruguay y Chile. Pero también sabemos que el modelo chileno llevó a una reducción importante de los niveles de pobreza pero al mismo tiempo a un ensanchamiento notable de la desigualdad: los ricos se volvieron muy ricos y los pobres se volvieron más pobres, dejando en medio a una gran franja de clase media que vive en los umbrales de la pobreza.

La educación, la ciencia y la tecnología, la prudencia en el manejo de los recursos públicos, la seguridad jurídica y ciudadana, así como un montón de otros factores ha sido históricamente ignorados desde el conocimiento de los gobernantes: es curioso que vivamos en la región en la que más se invoca la educación en tiempos de campañas pero luego los resultados de las pruebas internacionales dan cuenta de que no se hicieron los deberes que se prometieron. El gran problema latinoamericano no está en conocer las claves para mejorar sino en que se produzca el quiebre que nos lleve a hacer lo que se debe para obtener mejores resultados en economía, en educación, en salud y, en general, en calidad de vida.


  • Héctor Farina Ojeda
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