Crecer en tiempos de crisis

Jalisco /

La guerra en Oriente Medio, el encarecimiento del costo del petróleo, el riesgo de una inflación desatada a nivel mundial, la incertidumbre y el complicado contexto internacional no son buen augurio para las economías, y especialmente para aquellas que necesitan crecer a tasas importantes. En este escenario de futuros inciertos y de grandes urgencias sociales, los países latinoamericanos enfrentan el reto de tratar de encontrar los mecanismos que permitan que sus economías crezcan a pesar de los pesares, aunque por ahora los pesares pesan más que la capacidad de generar impulso.

Un caso curioso, como siempre, es México: los pronósticos de crecimiento para la economía han mejorado levemente en las últimas semanas pese a que los efectos de la guerra ya se perciben en un encarecimiento del precio del petróleo y en un ambiente propenso a la inflación. Las proyecciones de BBVA calculan un repunte de 1.8 por ciento en 2026, en tanto los analistas privados consultados por Citibanamex consideran que el crecimiento será de 1.5 por ciento. Números más, números menos, todos los cálculos plantean un repunte inferior al 2 por ciento, lo cual no sólo resulta insuficiente sino que mantiene a México en los mismos niveles de las últimas tres décadas.

El problema no es nuevo y parece de nunca acabar: cómo hacer para que la economía tenga un dinamismo propio lo suficientemente fuerte como para que aumenten la generación de riqueza, empleos e ingresos. Porque ha habido crecimientos pero todos condicionados: por la dependencia de Estados Unidos, por un buen momento para el petróleo, las exportaciones o el comercio, pero no han sido suficientes para llegar a tasas importantes que se mantengan por lo menos durante algunos años consecutivos. Y no es sólo el caso mexicano sino que es un mal endémico latinoamericano.

Sobre la necesidad de mejorar el crecimiento, una propuesta interesante la hizo la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, al pedirle a los banqueros que aumenten el financiamiento a las pequeñas y medianas empresas (pymes) del 30 por ciento al 45 por ciento del Producto Interno Bruto. Con todas las complejidades que esto implica, el impacto que se puede tener apunta no sólo a mejorar las condiciones de las pymes y apuntalar su expansión, sino a la generación de empleos y a un dinamismo interno que permita impulsar la economía en su conjunto. Las pymes son las responsables de la creación de más del 70 por ciento de los puestos de trabajo en el país, por lo que fortalecerlas es estratégico para el trabajo y los ingresos de millones de familias.

El reto de crecer en tiempos de crisis es gigantesco y urgente. Financiar a las pequeñas empresas, invertir en ellas y favorecer su desarrollo puede no solamente impulsar el crecimiento sino extender los beneficios hacia la pequeña economía, hacia los empleos y los ingresos que tanto se requieren. Allá afuera, la crisis continuará por un buen rato. La cuestión que nos toca es saber cómo responderemos desde dentro.


  • Héctor Farina Ojeda
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