Crecimiento empobrecedor

Jalisco /
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La cifra de la inflación en el mes de junio dio un respiro importante a la economía: fue de 3.37 por ciento anual, lo que representa el nivel más bajo en los últimos cinco años y, además, regresa al rango objetivo de más o menos 3 por ciento que establece el Banco de México. La disminución más significativa se debe a los precios de los alimentos como el jitomate, aunque hay que considerar que todavía no hay señales subyacentes que indiquen que la desaceleración de los precios pueda ser constante.

Que bajen los precios o, mejor dicho, que ya no suban tanto es una buena señal. Lo malo es que cuando ponemos los datos en contexto la realidad que se percibe cambia: el pronóstico de crecimiento para la economía mexicana en 2026 es de alrededor de 1 por ciento, en tanto las perspectivas para la inflación apuntan que cierre en 4 por ciento. Esto significa que la suba de los precios es muy superior a la generación de riqueza, lo cual deriva en una pérdida de poder adquisitivo de las personas. Y no es algo sólo de este año: en los últimos cinco años, luego de la crisis de la pandemia, la suba de los precios ha sido superior al crecimiento de la economía.

Pero no se trata de un fenómeno local sino latinoamericano: en promedio el crecimiento ha sido moderado en los últimos años y se ha mantenido por debajo de los niveles de aumento de los precios. Y no solamente eso: América Latina se encuentra estancada, atrapada en un bajo dinamismo económico, con insuficiente generación de empleo formal, elevadas tasas de informalidad y una suba constante de los precios que deteriora, paulatinamente, las capacidad de las personas para cubrir sus necesidades.

La situación se vuelve más preocupante si consideramos que en la última década el crecimiento promedio latinoamericano fue de apenas 1 por ciento, lo que para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) equivale a una década pérdida. Con un dinamismo tan limitado y con problemas de distribución de riqueza en la región más desigual del mundo, el riesgo es que el empobrecimiento se vaya profundizando de manera constante.

La gran cuestión de fondo sigue siendo la misma: ¿cómo romper el cerco del escaso crecimiento y lograr resultados más importantes en cuanto a empleo y distribución de la riqueza? Hace falta planificar economías más dinámicas, con mayor capacidad de impulso propio y con el poder de reinventarse de acuerdo a los cambios de los tiempos. Y para esto se requiere de una visión de futuro que lleve a trabajar en la educación, la ciencia, la innovación y la infraestructura.

El crecimiento escaso, de mala calidad y dependiente de bonanzas externas no es suficiente para revertir la pobreza ni para atender las necesidades de millones de personas. Tanto en México como en los países latinoamericanos hay que trabajar mucho en mejorar la calidad del crecimiento para que los resultados se traduzcan en mejoras sustantivas y que no nos quedemos con la sensación de que pese a crecer estamos peor.


  • Héctor Farina Ojeda
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