De nunca acabar

Jalisco /

Los efectos económicos de la guerra en Oriente Medio y la incertidumbre que se ya venía arrastrando debido a la guerra comercial nos llevan a un escenario harto conocido del que no hemos podido salir en años: suba de los precios por encima de la generación de riqueza, así como una desaceleración en el dinamismo económico. Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que debido a la guerra todos los caminos conducen a “precios más altos y un crecimiento más lento”. Y esto tiene un impacto especial en los países latinoamericanos que enfrentan el problema del estancamiento en cifras que podrían decirse moderadas o insuficientes.

De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el crecimiento promedio latinoamericano para 2026 sería de 2.3 por ciento, con lo cual la cifra es similar a la que se ha tenido en los últimos cuatro años. No sólo se trata de la región de crecimiento más lento a nivel mundial sino que las complejidades del entorno internacional como la guerra, el encarecimiento del precio del petróleo y de los alimentos, así como los problemas de logística y de abastecimiento de las cadenas productivas dificulta todavía más la expansión de las actividades económicas latinoamericanas.

Pero no sólo se trata de una cuestión de un entorno internacional adverso o poco favorable sino de problemas internos estructurales que limitan el desarrollo desde hace décadas. El Banco Mundial (BM) y el FMI coinciden en que la región crecerá poco en los próximos años y que con estos niveles no será posible transformar la estructura productiva. El BM dice que estamos en una trampa de bajo crecimiento caracterizada por la baja inversión, la mala productividad, el capital humano insuficiente y las limitaciones tecnológicas que merman la combatividad. En otras palabras, tanto la infraestructura, como las inversiones productivas y los problemas educativos son frenos internos para el desarrollo de las economías.

La cuestión de fondo no está en las complejidades de los efectos de la guerra, la incertidumbre comercial derivada de los aranceles o el encarecimiento del costo de vida: lo que nos toca resolver a los países latinoamericanos es cómo lograr que nuestras economías sean más dinámicas, más autosuficientes y menos dependientes de factores externos. Y esto nos lleva a cuestiones estructurales como mejorar la infraestructura, la calidad educativa, la ciencia, la tecnología y la capacidad de innovar y reinventar con la precisión y rapidez que exige un mundo cambiante.

El cuento de nunca acabar no está en los precios altos ni en la incertidumbre internacional: se encuentra en la infraestructura deficiente, en la mala calidad de las carreteras, en el rezago educativo y en los malos resultados en los jóvenes que tienen problemas de comprensión lectora, ciencias y matemáticas. La historia que debe terminar es la del atraso, de la insuficiente inversión en ciencia y tecnología, y de la dependencia. El entorno internacional no lo podemos controlar pero sí podemos invertir mejor en nuestros países.


  • Héctor Farina Ojeda
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