Desaceleración y riesgos

Jalisco /

El escenario económico mundial está resintiendo las consecuencias de la guerra en Oriente Medio, y las pronósticos de crecimiento se están recortando. De acuerdo a las estimaciones de la Organización para las Naciones Unidas (ONU), el Producto Interno Bruto (PIB) mundial crecerá 2.5 por ciento en 2026, lo cual implica un retroceso desde la proyección anterior que era de 3.1 por ciento. El encarecimiento del costo del petróleo y de los fertilizantes, sumados a la incertidumbre que frena las inversiones y el comercio están haciendo que las economías se desaceleren y ello tiene impactos en diferentes ámbitos.

En América Latina los efectos ya son visibles con economías que se frenan, crecimientos insuficientes y una disminución en la generación de empleos. Según el informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), la economía latinoamericana tendrá un crecimiento de apenas 1.9 por ciento, lo cual representa una desaceleración frente a los pronósticos anteriores. En el mismo sentido y con un poco más de optimismo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que el repunte latinoamericano será de 2.2 por ciento en 2026. En ambos pronósticos se nota no sólo la desaceleración actual sino el estancamiento frente a los años recientes luego de la pandemia.

Entre las proyecciones del Instituto de Finanzas Internacionales se destaca que las dos grandes economías latinoamericanas apuntan a resultados diferentes: por un lado, Brasil prevé un crecimiento de 2 por ciento en 2026, en tanto por el otro lado tenemos a México que apenas crecería 0.8 por ciento en 2026. Y si bien otros pronósticos estiman que la economía mexicana crecerá 1.1 por ciento e incluso 1.8 por ciento, lo cierto es que en todos los escenarios previstos hay un repunte insuficiente, por debajo del 2 por ciento.

La desaceleración está afectando a las economías latinoamericanas con un agravante importante: en su mayoría son dependientes de las exportaciones de materia prima, dependientes de pocos rubros y con poca capacidad de reinvención para generar dinamismo propio en tiempos de crisis. En un contexto internacional adverso como el que tenemos se notan más la falta de competitividad, la baja productividad, la oferta exportadora no diversificada y la escasa planificación con miras al futuro.

El gran riesgo que enfrentan las economías latinoamericanas con esta desaceleración es el impacto social: que no haya suficientes empleos, que los ingresos no mejoren, que la pobreza aumente y que la desigualdad y la precariedad se profundicen. Si en tiempos de bonanza, a duras penas se reducen los niveles de pobreza, imaginen lo que pasa en tiempos de desaceleración y crecimientos insuficientes: claramente los resultados no son buenos.

El reto latinoamericano sigue siendo la reinvención de sus motores económicos para buscar mejores resultados sociales. Alguna vez debemos dejar atrás las economías precarias, dependientes y reactivas para pasar a las innovadoras, creativas y visionarias.


  • Héctor Farina Ojeda
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