Desaceleraciones

Ciudad de México /

Una de las palabras que mejor sintetizan las proyecciones de la economía latinoamericana para 2024 es desaceleración. Significa reducir la velocidad y, en este caso, disminuir el ritmo del crecimiento de las economías en su conjunto. De un nivel de crecimiento promedio estimado de 2.3 por ciento en 2023, para 2024 se espera que el repunte sea de 1.6 por ciento, de acuerdo a las estimaciones de la agencia Fitch Rating. En el mismo sentido de la desaceleración económica se encuentran las proyecciones del Banco Mundial, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre otros.

No es una novedad ver a nuestras economías cuesta arriba, en fase de desaceleración momentánea o de recuperación incompleta. O de crecimiento insuficiente. Y siempre hay grandes factores externos como las guerras, algún contratiempo en China o Estados Unidos, y de por ahí un bajón de los precios de las materias primas de las que se depende en exceso. En el fondo, todos estos datos de contexto que se suceden en el tiempo lo que hacen es mostrar las carencias del dinamismo propio: nuestras economías siguen siendo precarias, frágiles, dependientes de pocos rubros y por eso se desaceleran y se frenan fácilmente.

El punto más crítico actualmente se encuentra en Argentina, un país que conjuga el malestar social con la hiperinflación, la pobreza que alcanza al 40 por ciento de la población con el decrecimiento y la incertidumbre de lo que resultará de las medidas radicales del nuevo gobierno. Pero, en general, será un año difícil -como todos-, especialmente para los países con dependencia del mercado chino y del mercado estadounidense.

En el caso de México también se vislumbra una desaceleración: de un crecimiento superior al 3 por ciento en 2023, las proyecciones apuntan a que en 2024 apenas se rebasará el 2 por ciento. Tampoco es una novedad para la economía mexicana, acostumbrada a una tasa de crecimiento promedio del 2 por ciento en las últimas tres décadas. Y aunque el fenómeno del nearshoring o relocalización de empresas sigue augurando inversiones, el problema de fondo es que además del crecimiento insuficiente se encuentran la distribución desigual de la riqueza, la pobreza y las necesidades de la gente.

La pregunta que debemos hacernos es ¿cuáles son las fortalezas que tenemos para enfrentar desaceleraciones o malas coyunturas externas? O mejor, deberíamos tener la respuesta de qué es lo que se debería hacer para tener economías más sólidas, dinámicas y visionarias que nos permitan sobrellevar con menos penurias los momentos complicados. Seguramente el espejo latinoamericano de la autocrítica nos reflejará la educación, la ciencia, la innovación, la creatividad y la urgencia de la inversión social. Las economías más fuertes y estables son las que ostentan niveles educativos más altos. Frente a la desaceleración, la respuesta lógica es volver a acelerar. Pero hay que hacerlo en la educación, en ciencia y tecnología.


  • Héctor Farina Ojeda
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite