Economía sin fuerza

Jalisco /
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Uno de los grandes problemas de la economía mexicana es el crecimiento insuficiente. No se trata de un fenómeno reciente sino de uno que ya tiene décadas concitando ideas, debates y estrategias: pese a los buenos vientos y las crisis, el promedio de crecimiento de las últimas décadas apenas ronda el dos por ciento al año. Y como si no bastara con los datos del pasado para confirmar la magnitud del problema, recientemente el Banco Mundial pronosticó que la economía tendrá un repunte inferior al dos por ciento de aquí hasta 2028.

Según los cálculos del Banco Mundial, en 2026 el crecimiento de la economía mexicana será de 1.3 por ciento en 2026, en tanto que en 2027 la cifra sería de 1.7 por ciento, y en 2028 el aumento sería de 1.9 por ciento. Esto no solamente habla de que la generación de riqueza en México se mantendrá por debajo del promedio de América Latina sino que confirma que se mantiene el cerco para el crecimiento de la economía, con todas las consecuencias negativas que esto trae para el empleo, los ingresos, y una larga lista de necesidades sociales.

La pérdida del dinamismo mexicano se produce en el contexto de una disminución de la actividad económica a nivel mundial, así como de la desaceleración de toda América Latina que, con suerte y viento a favor, este año crecerá alrededor de 2.3 por ciento. El Banco Mundial advierte del entorno internacional complejo para el comercio y dice que la revisión del T-MEC podría afectar a las exportaciones. Nos encontramos en un momento de incertidumbre debido, entre otras cosas, a las consecuencias de la guerra en Medio Oriente como el encarecimiento del costo del petróleo, los fertilizantes y los alimentos en general.

Pero la cuestión de fondo no está en la incertidumbre ni en las adversidades en el contexto internacional sino en el enigma del bajo crecimiento: ¿por qué la economía mantiene sus limitaciones de crecimiento? Hace más de dos décadas se intentó responder esta pregunta teniendo en cuenta que había buenas condiciones, que se hacían bien los deberes y que pese a que se hacía lo correcto el resultado era el mismo: la economía crecía poco. La respuesta entonces fue que el problema no era económico sino educativo: debido a la insuficiente calidad educativa la economía no estaba en condiciones de ajustarse a las demandas de un mundo globalizado y eso afectaba negativamente cualquier proyecto.

La inversión en educación, en infraestructura, en ciencia y tecnología, la innovación tecnológica, así como la mejoría en la productividad y en la especialización de los trabajadores son algunos de los grandes pendientes que siempre se señalan como responsables cuando se discuten los pobres resultados en cuanto a crecimiento. Ciertamente, nos encontramos ante un problema importante que requiere de un estudio minucioso y de un replanteamiento de las estrategias para impulsar la economía desde dentro. Es tiempo de estudiar, planificar y reinventar en busca de nuevos resultados.


  • Héctor Farina Ojeda
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