Una de las palabras que más aparecen en las noticias sobre la economía es incertidumbre. Recurrente en el tiempo, resiliente hasta reinventarse, la incertidumbre pasó de ser una condición que se creía momentánea a ser parte del escenario económico internacional, como si fuera el mismo contexto en el que todas las actividades productivas y comerciales deben realizarse. En pandemia se hablaba de incertidumbre debido a lo que pasaba con el covid 19, pero luego la incertidumbre siguió en forma de elecciones, cambios de gobierno, negociaciones y renegociaciones de acuerdos, guerras, tensiones y aranceles de todo tipo.
Y en este contexto, las economías latinoamericanas se están desacelerando y se enfrentan a la trampa del insuficiente crecimiento: los pronósticos apuntan a que la región crecerá apenas por encima del 2 por ciento, lo cual contrasta con los altos niveles de inflación. Es decir, mientras la generación de riqueza se mantiene limitada, los precios de los productos y servicios básicos suben a un ritmo muy superior. Un ejemplo de ello lo tenemos en la economía mexicana, cuya inflación fue de 3.10 por ciento en la primera quincena del mes de julio pero su pronóstico de crecimiento es de alrededor del 1 por ciento para 2026.
La mayoría de las economías latinoamericanas tiene niveles de inflación que superan su promedio de generación de riqueza. O sea, generan menos riqueza y distribuyen menos ingresos pero las personas deben enfrentar un encarecimiento del costo de vida más gravoso. Y todo esto se da en medio de una maraña que limita el dinamismo: las inversiones son insuficientes, las grandes promesas como el nearshoring o relocalización de empresas no se han concretado debido a la incertidumbre, en tanto la guerra comercial y las complicaciones limitan las exportaciones, las expansiones, proyectos y empleos.
Al viejo diagnóstico de “economías atrapadas en el bajo crecimiento”, que no hemos podido superar, hay que ubicarlo ahora en un contexto de incertidumbre, de certezas efímeras y tambaleantes, en donde el escenario puede cambiar de manera impensada. Romper el cerco del crecimiento insuficiente ya es un reto bastante importante, y hacerlo en el contexto actual se vuelve todavía más complicado.
La gran cuestión de fondo es que mientras los motores de nuestras economías siguen siendo débiles para enfrentar las adversidades, al mismo tiempo los altos precios amenazan con empobrecer todavía más a millones de personas que viven en condiciones difíciles. De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en la región hay 162 millones de personas que viven en la pobreza. Pero hay que considerar que también hay una buena cantidad que se encuentra en el umbral de la pobreza, que están un poquito por encima de la línea de pobreza pero en una situación muy vulnerable todavía.
La única certeza que tenemos en estos tiempos es la incertidumbre. La pregunta es cómo se fortalecerán los motores económicos para vencer a la incertidumbre y a todas las trampas que nos frenan.