El predominio de lo informal

Jalisco /

Los empleos en América Latina tienen un rostro informal: la mitad de los puestos de trabajo se encuentra en la informalidad, lo que representa no solo la carencia de seguridad social y de prestaciones, sino de la certeza de ingresos estables que permitan construir en el tiempo. No es una novedad que todos los años la población demanda una cantidad de ocupaciones que el mercado laboral formal no puede atender, por lo que la principal salida es hacia la informalidad, hacia aquello que genere ingresos aunque sea temporal, inestable, incierto y precario.

Cuando vemos que los vientos de la guerra en Medio Oriente y la desaceleración de las economías se ciernen sobre la región latinoamericana es casi seguro que los grandes efectos se noten no sólo en la cantidad de los nuevos empleos sino en la calidad de los mismos: la tendencia a la precariedad se profundiza, al mismo tiempo que la informalidad laboral sigue manteniendo su predominio. Todos los días las personas que no encuentran una oportunidad formal terminando buscando y encontrando ocupaciones con características de la informalidad, ya sea que paguen menos, que no tengan contratos o que sencillamente ofrezcan algo diferente según la ocasión.

Lo que pasa en México es una buena muestra: en el primer trimestre del año el número de personas ocupada se incrementó en 522 mil, pero casi todo este incremento fue absorbido por la informalidad, mayormente mediante el autoempleo y un porcentaje menor bajo dependencia de un patrón, pero en condiciones de precariedad. Todo esto se desprende de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que realiza el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi). Tampoco es novedad que esto pase, ya que el promedio de informalidad laboral en el país es del 54 por ciento.

En un contexto en el que las economías latinoamericanas se están desacelerando y, con suerte y viento a favor, se espera un repunte promedio de 2.1 por ciento en 2026, lo más lógico es que el mercado laboral sienta el impacto de crecer poco y que no genere suficientes oportunidades formales. Si a esto le sumamos la incertidumbre por la guerra en Oriente Medio, con el encarecimiento del costo del petróleo, los fertilizantes y los alimentos, tampoco se cuenta con el mejor ambiente para esperar que haya un incremento en las inversiones y que esto detone el empleo.

Lo preocupante de la informalidad y la precariedad laboral es que el impacto directo se da en la gente: los empleos informales limitan la posibilidad de mejorar los ingresos, de tener certezas para emprender, y de fondo afectan negativamente los resultados en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. América Latina es un escenario de la desigualdad y en este escenario la informalidad contribuye a que todo quede igual. El predominio de lo informal es marca de la casa, como también lo son la pobreza y la desigualdad. La gran pregunta es si alguna vez veremos un escenario que sea diferente.


  • Héctor Farina Ojeda
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