La inflación que no quiere ceder

Jalisco /

Una de las secuelas económicas más persistentes que dejó la pandemia de covid 19 es la inflación. Desde hace cuatro años la suba generalizada de los precios de los productos de consumo básico ha sido superior no sólo a los promedios que se tenían antes de la pandemia, sino fundamentalmente frente a la generación de riqueza: la economía crece a un ritmo muy lento mientras que los precios aceleraron en demasía. Esto nos coloca en un problema complicado, de múltiples aristas, con economías atrapadas en un promedio de crecimiento insuficiente, con empleos formales que no alcanzan, salarios que no se recuperan y un costo de vida que sube y sube.

En este sentido, la decisión del Banco de México de pausar los recortes de las tasas de interés y dejar la cifra en 7.0 por ciento es una muestra de la prudencia frente a un escenario de incertidumbre que sigue presionando a los precios. De acuerdo a las previsiones, recién en 2027 se lograría que la inflación alcance el objetivo de ubicarse en 3 por ciento anual. En otras palabras, la decisión de no seguir recortando las tasas de interés se debe al repunte de la inflación en el mes de enero y la necesidad de tener cautela al mover indicadores: cuando se bajan las tasas se favorecen los créditos y la circulación de dinero, lo cual puede tener incidencia en la suba de los precios.

En un espectro más amplio, no es sólo el caso mexicano sino que la mayoría de los países latinoamericanos enfrentan el mismo dilema: sus economías se están desacelerando mientras los precios se mantienen elevados. O lo que es lo mismo: la generación de riqueza no alcanza para hacerle frente al encarecimiento del costo de vida. Y esto tiene un impacto tremendo en la región, que no sólo es la más desigual del mundo, sino que en algunos países superan el 50 por ciento de población en situación de pobreza.

De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la economía latinoamericana tendrá un crecimiento de 2.2 por ciento en 2026, en tanto la inflación puede llegar al 4 por ciento anual. Mientras que en el caso de México el pronóstico de crecimiento es de 1.3 por ciento para 2026 y las estimaciones de la inflación rondan el 4 por ciento. En ambos casos el problema es similar: la suba de los precios se mantiene por encima de la generación de riqueza, lo que no augura nada bueno para las personas que viven en condiciones de pobreza y precariedad.

El gran problema de la inflación es que en las condiciones en las que se encuentra la economía latinoamericana no sólo genera un encarecimiento del costo de vida difícil de sobrellevar, sino que en la práctica limita la recuperación del poder adquisitivo y con ello la posibilidad de enfrentar la pobreza. Los empleos formales no abundan y más del 50 por ciento del trabajo es informal. No se trata de controlar los precios sino de reimpulsar las economías desde dentro para recuperar los buenos empleos, los buenos salarios, y las condiciones mínimas para tener posibilidades reales de mejorar.


  • Héctor Farina Ojeda
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