Riqueza que no llega

Jalisco /
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Una de las trampas más opresivas para las economías latinoamericanas es la que relaciona el crecimiento económico insuficiente y la mala distribución de la riqueza. Se trata de economías que generan riqueza pero crecen poco y que además tienen problemas para distribuir en forma más o menos equitativa los ingresos, las oportunidades y los beneficios en general.

Crecimiento sin desarrollo, indicadores macroeconómicos que no alcanzan a la microeconomía, riqueza concentrada y escasa derrama económica, en fin: el notable desequilibrio hace que hoy América Latina sea la región más desigual del mundo.

En este sentido, uno de los ejemplos interesantes para el análisis es lo que pasa en Paraguay, un país pequeño que en las últimas dos décadas ha tenido un crecimiento promedio de entre 3.5 y 4 por ciento anual, con lo que se ubica como una de las economías más estables de Sudamérica.

Con estos indicadores podríamos pensar en un país en franco desarrollo y con una generación de riqueza que beneficie a gran parte de la población. Pero no hace falta una mirada profunda para darnos cuenta de que se trata de un país con una elevada concentración de la riqueza en pocas manos, con una marcada desigualdad, y con condiciones estructurales que propician el atraso.

En un recorrido reciente pude ver nuevamente esos contrastes: en un país que proyecta para este año un crecimiento de 3.8 por ciento, de acuerdo a los datos del Banco Central, no se puede transitar por calles en buen estado porque los baches, la falta de pavimento y la precariedad lo impiden.

La pobreza de la infraestructura es muy visible y esto representa un enorme atraso para el comercio y las inversiones en una nación que ya padece por el encarecimiento que genera la mediterraneidad. Movilizarse por carretera es una odisea digna de un poema homérico.

Y cuando se habla de los indicadores de la riqueza, la concentración se da fundamentalmente en los sectores agropecuarios vinculados a la exportación de soja y carne: hay pocas manos que acaparan los ingresos mientras millones de personas viven en condiciones de pobreza.

El recorrido por el interior del país permite ver esto en forma directa, con grandes agroindustrias que contrastan con las casitas humildes, con centros de generación de riqueza rodeados de mucha escasez y precariedad.

Cuando se ven los buenos indicadores se puede pensar también en buenos empleos, pero el 60 por ciento del mercado laboral paraguayo es informal, lo que significa que la mayoría de los trabajadores no cuentan con ingresos estables ni seguridad para el presente y el futuro.

La situación es una muestra de las economías latinoamericanas: aunque crezcan poco o mucho no logran hacer que los beneficios lleguen a la mayor parte de las personas.

Necesitamos repensar las economías para romper la paradoja de vivir en países ricos que ostentan elevados niveles de pobreza, en países que crecen pero no saben distribuir, en economías que funcionan bien para pocos y muy mal para muchos.


  • Héctor Farina Ojeda
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