Trabajos de Calidad

Jalisco /
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Una de las grandes contradicciones en las economías latinoamericanas es lo que pasa en el mercado de trabajo: los trabajadores dedican muchas horas a las jornadas laborales pero ello no significa que los resultados compensen el esfuerzo. Es más, se trabaja más porque, paradójicamente, no hay buenos trabajos. En otras palabras, ante la ausencia de empleos formales la mayoría de los trabajadores se ocupa en la informalidad, lo que generalmente representa un incremento en el tiempo dedicado a la jornada laboral pero en el contexto de bajos salarios, ingresos inciertos y carencia de seguridad y prestaciones sociales.

Más allá de la necesidad de que la economía crezca y se generen empleos suficientes para atender las demandas del mercado de trabajo, nos encontramos ante el problema de la mala calidad de los puestos: más del 50 por ciento del mercado laboral latinoamericano se encuentra en informalidad, en tanto el 30 por ciento de los trabajadores está en situación de pobreza laboral. Trabajar en el sector informal equivale no sólo a carecer de buenos salarios y prestaciones sino que además genera una limitación estructural importante: los trabajadores no tienen condiciones para proyectar, emprender, endeudarse para una casa o un negocio porque no saben si con el paso del tiempo mantendrán sus empleos y sus ingresos.

Cuando vemos en nuestros países que las tasas de desempleo son “bajas” no podemos caer en la simpleza de que pensar que es porque hay muchos empleos. Ciertamente lo que ocurre es que debido a la necesidad imperiosa de trabajar las personas optan por emprender en la informalidad, por el comercio o por cualquier ocupación que procure ingresos. Las economías latinoamericanas crecen poco y no logran generar suficientes empleos formales, por lo que el camino mayoritario es hacia la informalidad o la migración.

Un ejemplo lo tenemos en México, un país que habitualmente tiene los niveles más bajos de desempleo dentro de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) pero al mismo tiempo tiene una informalidad laboral del 54 por ciento. Los mexicanos son los que más horas le dedican al trabajo dentro de la OCDE: más de 2,226 horas al año, muy por encima del promedio que es de 1,752 horas. Pero hay grandes problemas de productividad, lo que significa que pese a la gran cantidad de horas trabajadas los resultados no son los más eficientes en comparación con otros países.

Uno de los grandes retos para las economías latinoamericanas es recuperar la calidad de los empleos, lo cual empieza con la formalización, la mejoría de la productividad y una fuerte inversión en la formación del capital humano. No se trata sólo de que haya trabajo sino de que este sea una oportunidad real para mejorar en ingresos, en estabilidad y proyección, en movilidad social y en calidad de vida. El trabajo debe ser mucho más que una ocupación, mucho más que una cifra en horas: debe volver a su esencia de oportunidad para mejorar.


  • Héctor Farina Ojeda
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