Leí hace unos días sobre varios visitantes a museos extranjeros que literalmente se fueron de espaldas ante la contemplación de obras de arte de belleza reconocida. El gozo estético se los cargó a lo bestia mientras se estremecían ante la experiencia artística. En la Galería de los Uffizi, en Florencia, un sujeto casi entrega su alma al Creador en vísperas de la Nochebuena mientras contemplaba El nacimiento de Venus, de Botticelli, un cuadro creado en 1485 para los Medici. Ante una de las obras mayores del arte renacentista se sintió muy fatigado, con taquicardia, la vista nublada y temblorina en las piernas. Un infarto lo echó luego por tierra mientras perdía el conocimiento. Salvó su vida gracias a la presencia en la sala de un par de cardiólogos que acudieron en su auxilio de inmediato.
Este caso de éxtasis casi mortal ante la belleza de la creación artística no es un asunto aislado. Los psiquiatras italianos de hecho han documentado más de 100 casos en un plazo de 10 años, entre 1970 y 1980. Para ellos el fenómeno es tan común, sobre todo en los Uffizi, que la galería dispone de un par de desfibriladores para las emergencias y los hospitales cercanos están preparados para recibir a las víctimas de la belleza pictórica.
Pero si hay alguien que sabe todo sobre este asunto es la doctora Graziella Magherini, psiquiatra del hospital de Santa María Nuova, de Florencia. Por su consultorio han transitado centenares de pacientes derivados por los museos a causa de la sacudida psicológica que les ha provocado la experiencia estética en sus instalaciones.
A la doctora Magherini se le atribuye la definición de síndrome de Stendhal a este malestar derivado de la contemplación estética. En su libro El síndrome de Stendhal. El malestar del viajero frente a la grandeza del arte, que se ha convertido en una herramienta insustituible para los especialistas en el tema, analiza muchos casos de lo que considera un decaimiento psíquico patológico.
Sería interesante saber si en los días del Renacimiento quienes apreciaban las obras de Boticelli, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y otras estrellas del arte pictórico experimentaban el mismo síndrome. Lo que sí es cierto es que las manifestaciones artísticas se han puesto al día, de tal manera que no falta ahora quien sufra mareos, temblores y sudores ante los gráficos de un videojuego. Al menos es lo que sucede con Gris, un videojuego que acaba de aparecer en España con gran éxito. Según los especialistas, la experiencia para quienes se adentran en su estética es similar al síndrome de Stendhal. Disponible a un costo de 170 pesos, el juego desarrollado por españoles ha recibido todos los elogios y premios imaginables.
Por supuesto, los jugadores de Gris no tardan en colmar las salas de emergencia en los hospitales, agonizantes, convulsos, temblorosos y, sobre todo, felices.
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