Argentina sudó frío y rozó el ridículo

Ciudad de México /

Cuando la selección de Cabo Verde empató con España, la crítica se enfocó en el mal juego de La Roja, cómo era posible que una de las selecciones candidatas a pelear por el título de mundial no le hubiera marcado un gol a un cuadro africano que apenas figura en el mapa futbolístico.

Ese día, el portero Josimar José Évora Dias, mejor conocido como Vózinha, se convirtió en figura mundial. Después, cuando le sacó el empate a Uruguay, confirmó que en esto del futbol ganar con el puro nombre y la historia ya es cosa del pasado, que hoy lo físico y lo mental tienen el mismo peso que el talento, que a veces el convencimiento puede generar sorpresas radicales.

Los africanos, el número 67 del ranking FIFA avanzaron a la ronda de 16vos de final para medirse nada menos que a Argentina, gran premio para ellos y la realización para todos sus jugadores, medirse al mejor jugador de los últimos tiempos, y a una Argentina que llega con las aspiraciones más grandes.

En el país sudamericano hubo una desestimación a Cabo Verde, las proyecciones hablaban de una goleada, de un pase sin sobresaltos, pero lo que pensaban que sería un picnic, terminó convirtiéndose en una visita al dentista por molestias con la muela del juicio.

A la media hora, Messi dibujaba el camino, pero la fe de los africanos llevó a generar temor en los jugadores albicelestes, cuando Deroy Duarte empató el juego. Incluso ahí, los albicelestes pensaban que podrían dar la vuelta, pero vaya sorpresa, su arrogancia se diluyó cuando los africanos los llevaron al límite del tiempo extra.

Es más, el gol de Sidny Lopes Cabral (2-2) lo firmaba cualquier atacante argentino, porque fue un remate lleno de técnico, parecía impropio de un equipo noble como el caboverdiano, era un baño de humildad a una Argentina que comprendió el trauma español y uruguayo.

Argentina avanzó a cuartos, lo hizo mediante un autogol, pero el campeón del mundo, el número 1 del ranking FIFA, acabó pidiendo la hora, suplicando que el partido no se extendiera, porque en una serie de penales, el duelo Vózinha-Dibu hubiera sido un espectáculo aparte.

Llamada seria de atención para Argentina, la estrella que lleva en el pecho solo es el recuerdo de lo bien que lo hizo hace cuatro años, con ella no ganara este Mundial, si lo entiende hará bien, si no, lo podrá pagar muy caro más adelante.


  • Higinio Robles León
  • higinio.robles@milenio.com
  • Reportero de La Afición desde 2004. Especialista en futbol. Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación FCPyS UNAM
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