Nuestra Isla y Te quiero hasta la luna

Ciudad de México /
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Los lunes es una pequeña isla del mar del Norte, y los martes y miércoles se transforma en una nave espacial, que a su vez se convierte en un parque de juegos, un salón de clases, un lugar para bailar…

Es el foro Lucerna, sin duda uno de los espacios más versátiles, activos y exitosos de la ciudad de México, en donde cada semana abre con Nuestra isla, un nuevo musical, y los siguientes dos días triunfa Te quiero hasta la luna.

Voy una por una:

Me acerco a Iván Pasillas, para felicitarlo por la maravillosa función que acabo de disfrutar de Nuestra isla, pero se me adelanta una chica y alcanzo a escuchar su frase: “Wow, ¡que maravilla!, que texto, que actrices, pero sobre todo la iluminación: me encantó!”

Y sí, la iluminación diseñada por Daniela Espino es un botón de muestra del cuidado con el que ha construido este pequeño GRAN montaje.

Original de Amy Droper, con libreto de Stewart Melton y letra y música de Finn Andersen, Nuestra isla es un musical que no se parece a ningún otro que haya visto antes.

La acción sucede en Kinnan, una pequeña isla ubicada frente a la costa de Escocia, con tan pocos habitantes, que el gobierno ha ofrecido reubicarlos a lo que ellos llaman tierra firme (otra isla más grande), pues ya no es posible dotarles de servicios, lo que además ha provocado el descenso de la población y la caída del turismo.

A esta singular anécdota, hay que agregar que se trata de un musical en el que no hay músicos, sino que la “música” y los ambientes acústicos los generan las propias actrices, apoyados en un singular aparato, una Consola repetidora loopera, bautizado aquí como Lupe.


  • Hugo Hernández
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