Covid-19 pega a Brigada Callejera

Ciudad de México /

De sus ojos con párpados caídos salían destellos; luego, una sonrisa que solo cambiaba cuando narraba una injusticia, ya sea contra migrantes o trabajadoras sexuales. Fue implacable en su combate hacia la trata y siempre ofreció su hombro a los desvalidos.

Era Jaime Montejo Bohórquez, quien continuamente hojeaba sus libretitas de taquigrafía y hurgaba en la computadora. Buscaba glosas y revisaba garabatos para mostrar arbitrariedades de la autoridad, la impunidad de padrotes o el asesinato de alguna sexoservidora.

Con esa vocación había nacido este ex militante del M-19, quien moldeó su vida junto a su amada Elvira Madrid Romero, dirigente de Brigada Callejera, que ahora mismo lucha contra el covid-19, enfermedad que fulminó a Jaime la madrugada del 5 de mayo.

Es el mismo hombre, nacido el 16 de febrero de 1964, en Cali, Colombia, capaz de plantarse frente a policías y tener la audacia de perseguir a explotadores de mujeres, incluso meterlos en la cárcel. 

Y era tanta su pasión que peleó hasta el final, pues cuando apareció la pandemia tramitó ayuda para sexoservidoras, desde su cuartel general de La Merced, siempre al lado de Elvira y otras activistas.

Elvira peregrinó dos días y dos noches para que lo atendieran. De los 15 hospitales, entre ellos el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), ninguno tenía cupo, según les decían, hasta que la madrugada del 30 de abril fue aceptado en el Hospital General de México.

“Jaime no murió, el Estado lo mató”, sentencia la abogada Arlen Palestina Pandal. “Mi jefe dio la vida en la calle y su recuerdo me tiene alerta y muy feliz de seguir evidenciando ignorancia y burocracia podrida”.

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Elvira y Jaime llegaban de otros países, donde asistían a congresos como miembros de la Alianza Global Contra la Trata; descansaban un rato y partían a la frontera sur, donde mujeres centroamericanas, en su tránsito hacia Estados Unidos, han sido enganchadas para prostituirse.

Jaime deja un legado para la atención integral de la salud de trabajadoras sexuales; también fue un férreo combatiente de la trata, opina Rosa Icela Madrid, integrante de Brigada Callejera.   

Montejo llegó a México en los 80, después de ganar la batalla contra la persecución por su militancia en el M-19 en su natal Colombia, “donde peleó por los pobres de ese país, siempre con el sueño y la búsqueda de un mundo mejor”, añade Rosa Icela.

En 2000 obtuvo la nacionalidad mexicana, un acontecimiento que sus amigos celebraron en la plaza de Garibaldi.

En la UNAM estudió la carrera de Sociología, donde conoció a Elvira Madrid Romero, con quien durante tres décadas caminaron juntos, “en la aventura de un mundo mejor”.

Durante esos años formaron la asociación civil Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer. Más tarde fundó la Red Mexicana de Trabajo Sexual, que cada año reúne a trabajadoras sexuales.

“Era tajante y directo —así lo describe Rosa Icela—  y fustigó a los que sin fundamento o agresivos se dirigían a trabajadoras sexuales, indígenas, migrantes o población en situación de calle; entonces su palabra se convertía en arma mortal para la defensa de ellos”.

También fue fundador de autogestión económica en Brigada Callejera, agrega Rosa Icela, quien lo califica como “testarudo y dinámico junto a Elvira, con quien se aferró a dar a luz a la marca de condones El Encanto, que este 2020 cumple 25 años, así como las tiendas El Encanto del Condón”.

El trabajo sexual pierde a “un gran compañero y fiel defensor de los derechos humanos; se deja de escuchar el suspiro de su pluma y el movimiento de las hojas de esa libretita, el sonido incansable del teclado que de día y madrugada solo interrumpía para aclarar algo que no le había quedado claro, porque decía que la ignorancia es atrevida”.  

También lo recuerda Suspiros Reyes López, quien conoció a Jaime y Elvira una tarde del año 1996, cuando ella estaba con la mona en mano. De repente una compañera de trabajo le gritó para presentárselos.

“Vi a una mujer de estatura bajita, muy bonita, muy sonriente, y a un hombre grandote; me acerqué y les dije: ‘hola’, y ella me preguntó: ‘¿cómo te llamas’’, y le dije mi nombre y sonrió, mirándome, yo drogada, pero ni la droga evitó sentir ese buen ambiente en esos momentos. Después sabría que eran Elvira y Jaime.

“Y si te sigo contando nunca acabo, porque son tantos años de convivencia con ellos, nomás súmale, desde el 96, y no soy la única, mucha gente tiene años con Brigada, y solo te comparto un pedazo de mi experiencia con nuestro amigo Jaime, fundador, periodista, activista, defensor, luchador, y te das cuenta todo lo que fue este hombre, y pues es triste su partida, pero la vida es como un árbol con ramas y hojas verdes donde el sol y el viento las despojan y caen al suelo y se secan y se empolvan y pierden el verde y quedan con un color marrón oscuro”.

***

La medianoche del 26 de abril llegó un mensaje al teléfono del reportero. Era de Jaime, quien decía:

—Con la novedad que el covid-19 nos hizo suyos a Elvira y a mí. Estamos en cuarentena y seguimos en pie de lucha.

—No chinguen, cuídense.  

—Estamos toreando al covid-19. La noche siempre es más difícil para cualquier afección respiratoria— añadió Elvira, ya en los primeros minutos del día siguiente, 27 de abril.

Y pasaron las horas.

—Cómo van— se les preguntó.

Eran 18:04 de ese mismo día.

—Estoy esperando que atiendan a Jaime en el INER— escribió Elvira.

—Tú dices qué hacemos.

—Muchas gracias, yo lo que quiero es que atiendan a Jaime— contestó Elvira por WhatsApp.

Y a partir de ahí peregrinó.

En los primeros minutos de mayo, el reportero envió un mensaje a Elvira, preguntando por la salud de ambos. 

—Estoy muy triste; tú sabes, Jaime no solo es mi pareja, sino mi compañero de lucha; está hospitalizado, muy grave, y yo, qué te puedo decir, en casa, desesperada, tomando mucho medicamento- respondió Elvira, quien le escribió una carta a Jaime donde expresa lo importante que es para ella y la causa, y que cuando lo conoció no tuvo más ojos que para él.

Jaime fallecería tres madrugadas después. El certificado de defunción describe: “Insuficiencia respiratoria, neumonía por SARS-Cov 2”.

  • Humberto Ríos Navarrete
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