El espacio público como campo de batalla para el arte

Ciudad de México /

Su labor artística consiste en crear, sobre todo, signos, símbolos e inscripciones en el espacio público. Ha estado en varios países, además del nuestro, como Alemania, Italia y los Emiratos Árabes Unidos, donde participó en la Onceava Bienal de Caligrafía, con la obra titulada Heliografías de la Memoria.

Pero no solo eso.

Said Dokins, artista multidisciplinario, también ha experimentado con la biotecnología.

Lo hizo en el Laboratorio de Arte Alameda, Ciudad de México, donde colaboraron otros creadores e instituciones educativas, tanto oficiales como privadas.

Said Dokins, artista multidisciplinario


Y a propósito de lo anterior, comenta Dokins, hay un giro en el arte contemporáneo donde incluso puedes incluir a la ciencia y la tecnología; además, de las herramientas más básicas del dibujo y la pintura. “Puedes ir a donde tú quieras”, remarca.

—A donde quieras.

—Sí —responde con certeza en su estudio de la colonia Escandón— y creo que mi trabajo es llevar el signo hacia las múltiples posibilidades que puedan existir.

El artista —Ciudad de México, 1984— se define como un creador que genera signos y símbolos. Un artista que se nutre de la ciudad, de la gente, de la comunidad.

La singularidad en su obra son los signos, los símbolos. Es lo que más llama la atención entre el amplio mundo de las artes.

Y la curiosidad lleva a preguntar por qué.

Entonces recuerda su gusto por el grafiti, que practicaba en los años 90, aunado a todo tipo de inscripciones, como las consignas políticas y el movimiento punk.

Said Dokins, artista multidisciplinario

Diferentes cuestiones se daban en la calle. Lo hacían pensar en la letra, el signo, la palabra. Era, es, una forma de relacionarte con el otro. De comunicarte. A veces, incluso, de manera anónima o en campañas publicitarias o políticas.

“Creo que mi relación con los signos tienen que ver con el lenguaje y en cómo nos confrontamos los unos a los otros a través de la palabra”, resume este artista, quien estudio en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, lo que es hoy la FAD.

Y es que su relación con los caracteres tiene que ver en cómo nos confrontamos a través de la palabra.

—¿Cada obra tuya con signos dice algo o es pura estética?

—Pues depende mucho de cada proyecto. Yo estudié caligrafía japonesa cinco años y eso me llevó a entender un lado de la escritura más como ritual— dice el artista, algunos de cuyos trabajos han sido presentados en galerías de París, Noruega, España y Qatar.

Para Dokins el camino de la escritura también tiene que ver con lo espiritual. Y en su práctica caben tanto los grandes espacios como pequeñas láminas, para lo cual usa diversos materiales

Said Dokins, artista multidisciplinario


“Por ejemplo —detalla mientras desembolsa algunas de sus herramientas— en el caso de estas piezas, que son de papel, utilizo aerosol, utilizo tinta, utilizo laca, utilizo pincel, brocha, a veces yo hago mis propias brochas, las corto”.

Y así, durante el proceso, va modificando diversos instrumentos y diferentes tipos de materiales.

“En la pandemia, por ejemplo, trabajé con el hipoclorito, que era como esta obsesión de la gente por tomar hipoclorito para que no tuviera Covid. Lo usé para atacar el papel”, explica mientras muestra algunos frascos.

En amplios espacios, asimismo, usa grandes botes de pintura y rodillos, incluso grúas y amplios andamios; también trabaja con la luz y la fotografía, como fue el caso de Biografías de la memoria que realiza con el fotógrafo Leonardo Luna.

Ahí movió su propia luz.

Incluso crearon sus propios instrumentos de escritura lumínica para trabajar en gigantes en espacios públicos.

Y un caso muy simbólico fue el del Laboratorio de Arte Alameda, donde el año pasado simuló tatuar las paredes con una frecuencia lumínica, cuyas huellas aún permanecen.

—Ahí qué hiciste, ¿fue un experimento?

—Sí, fue un experimento muy grande. Me interesa mucho la noción de la inscripción y la borradura, de lo invisible.

Entonces se hizo un mural escondido dentro de ese recinto que funcionaba a través del control lumínico, sonoro, y que tienen que ver con esas historias que se han borrado de la ciudad. Y es que para mí el espacio público es un campo de batalla.

—Un campo de batalla…

—Sí. Para y también es de confrontaciones. Todos estamos haciendo algo dentro del espacio— dice y critica la acción de las autoridades de la anterior administración de la alcaldía Cuauhtémoc de ordenar borrar los anuncios y caracteres de los puestos callejeros.

—Tú haces muchas cosas dentro del arte.

—Pues me parece muy importante…

—Experimentas…

—Sí, la experimentación es…yo creo que es parte del trabajo artístico. Es decir, parte del material, partir de una idea, partir de un suceso, partir de un fenómeno, o a veces de nuestra propia historia.

—También trabaja con algunos colectivos.

—Hay tres proyectos muy importantes con La Pistola. El primero es El abrazo ausente, un mural que hicimos en Oaxaca; tenía que ver con la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa: una madre abrazando una sombra con pajarillos volando, una representación que hizo La Pistola, y yo hice un texto de Rosario Ibarra. Y después hicimos una colaboración con La hija del maíz.

Said Dokins, artista multidisciplinario

Es Said Dokins, fundador de la Sociedad Dokins para las Nuevas Prácticas Artísticas, A.C., organización que vincula comunidades con procesos artísticos, desde donde dirige, en colaboración con el Centro Cultural de España en México y la Universidad del Claustro de Sor Juana, el diplomado Mapas de la Disidencia Arte Urbano.

Y es que vivimos en una ciudad tan grande donde cabe todo y de todo: desde un bache, hasta la movilidad, los rótulos, toda la iconografía.

Por eso para el artista el espacio público es un campo de batalla.


  • Humberto Ríos Navarrete
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