Para precisar sus datos, como respuesta a una pregunta, el hombre respondió por escrito a través de Whatsapp:
Mi nombre es Hamza Camara y soy de Senegal, África.
Nací en Moudèry, ubicado en el Norte de Sènègal, en la región de Tambacounda; soy chef del primer y único restaurante de gastronomía sènègalesa: Fusion.
Estoy casado con una mexicana y soy papá de una niña; conocí a mi esposa en Paris, Francia, y luego decidí venir à vivir à México con mi esposa.
El mensaje había sido escrito por quien conociste en la calle de Hamburgo, colonia Juárez, Ciudad de México, mientras él apoyaba el codo en la puerta de una camioneta blanca.
Esa tarde-noche caminabas por la banqueta de la mencionada calle y de pronto frenaste para mirar el nuevo negocio en una zona donde es común que de un día a otro aparezcan fondas o restaurantes con clientes que consumen platillos caros y otros no tanto, también helados exquisitos y café, la mayoría de los consumidores sentados alrededor de mesitas y, en otros casos, velas al anochecer.
Y fue en aquel instante, esa tarde-noche, cuando escuchaste que aquel sujeto te invitaba a visitar el restaurante que te había llamado la atención, con especialidad en gastronomía senegalesa; solo estuviste un momento, suficiente para que te enganchara la curiosidad, y entonces prometiste volver porque aquella persona, amable, aseguraba que su negocio era el único de ese tipo en México, por lo que tenías que saborear la cocina de Fusión.
Le comentaste el porqué estaba tan seguro de que era el único restaurante de ese tipo en la capital y enseguida contestó, con su atropellado español, que había hecho una investigación y entonces te dio una pincelada sobre su domicilio en México, sur de la ciudad, donde vivía con su esposa mexicana que había conocido en París.
Entonces fue cuando intercambiaron números telefónicos y prometiste volver para platicar y publicar un relato.
Él se puso contento.
Y volviste días después
Y corroboraste, luego de realizar una búsqueda en internet, donde aparecía Fusión sin competencia, que era el único restaurante con esa especialidad.
Es cierto que existen otros restaurantes de comida africana en la ciudad, pero no con la especialidad que ofrece Hamza, pues una de las peculiaridades es que sus platillos traen condimentos traídos de su lugar de origen.
Lo curioso es que no es un restaurante con pinta de lujoso, sino de una fonda cualquiera, similar a las mexicanas, excepto por la decoración, con recuerdos africanos y la comida.
Y además de ser el gancho para pescar clientes, la natural gracia de Hamza también le favorece a este senegalés, quien ha cultivado amistades de otros países, gente que pasa y lo saluda como un vecino de cualquier barrio.
—¿Y en dónde estamos?— preguntaste aquel día.
—En Hamburgo 25, el primer restaurante senegalés de la Ciudad de México. Se llama Fusión.
***
“Esta es una ciudad en donde se juntan todas las gentes”, comenta Hamza Camara, al referirse a personas de diferentes países, luego de atender una pregunta. “Con mi esposa nos conocimos en Francia, porque ella estaba estudiando. Fue en una Navidad que me preguntó si yo quería venir a México”.
Y decidieron poner un restaurante, al que bautizaron con el nombre de Fusión, aunque primero empezó a cocinar en su casa y de ahí repartir los platillos a la clientela.
—Te gustó México.
—Me gustó el país y regresé. Y desde entonces estoy viviendo aquí, chambeando, para vender la gastronomía de Senegal, y también la mexicana, y también internacional al mismo tiempo, porque en este restaurante lo que hacemos es una fusión.
—Y de qué parte son tus clientes.
—De muchos países. De Francia, de Estados Unidos; también mexicanos. De Rusia, de Australia, de África, de Senegal. Porque a México también están llegando más africanos.
—¿Cómo te imaginabas Ciudad de México?
—Antes de llegar no me la imaginaba tan bonita. Porque afuera nos venden a México con películas de narcos y todo eso, pero no—dice mientras sonríe, algo apenado, para luego reafirmar su gusto de vivir en México.
***
Hamza Camara aprendió de niño a cocinar con su mamá y sus hermanas. “Cocinaban muy bien”, comenta, “porque allá también acostumbran a cocinar los hombres”.
—¿Y en México cómo empezaste?
—Cuando llegué aquí fui a escuela de gastronomía mexicana para aprender, porque la comida mexicana es una de las más ricas del mundo, honestamente, y cuando viajo a otras partes, como Nueva York, busco un restaurante mexicano.
Hamza se dispone a cocinar un platillo de nombre Mafé, un clásico de Senegal. La base de este plato es cacahuate. Lleva tres diferentes chiles: huajillo, pasilla y chile ancho; también jitomate y pimiento morrón. La carne es chambarete; primero la asan y luego la meten al fuego, para que salga ahumada.
—Hay toque especial para este platillo…dices que es un condimento de un árbol de África.
—Sí, exactamente, son hierbas de Boba. El Boba es un árbol que tenemos aquí en la foto. Es uno de los árboles más grandes del mundo.
—Por qué invitarías para que vengan a comer aquí.
—Porque es una fusión que no existe en México, aparte de nosotros. Somos los primeros en hacerlo. Una fusión de comida senegalesa con comida internacional.
Su esposa, mientras tanto, elabora los postres.
Es Hamza Camara, quien habla cinco idiomas: francés, inglés, español y otros dos de su país.
Para él, que conoce otras naciones, Ciudad de México es una urbe cosmopolita, donde encontrarás comida internacional, en especial aquí, donde es posible saborear el toque de Senegal.