Hamburguesas y flautas

Ciudad de México /
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La historia de Héctor López y su cafetería, parecida a la de otros emprendedores, comienza en el 2010, una década antes de que apareciera la gentrificación en la Juárez y otras colonias de la alcaldía Cuauhtémoc; pero en 2019 brotó la pandemia a escala planetaria y hubo cambios radicales, de modo que López y su esposa extendieron el servicio a domicilio, incluida la venta de café en grano, que tostaban en la Obrera.

Frente a su negocio, en un pequeño espacio de la calle Londres, esquina con Berlín, había sembrado plantas de café que ya miden más de dos metros con sus ramas y brillantes hojas; crecen y florecen junto a otras macetas en la jardinera, frente a su negocio, que desde muy tiernas lo acompañaron durante la pandemia. López las vio crecer mientras las regaba.

Héctor fue de los primeros en tener un negocio de este tipo antes de que comenzara el boom de las cafeterías que en su menú incluyeron emparedados, panes y galletas.

Pero el matrimonio pensó en algo más que acompañara a lo que ya tenían, pues la competencia se dejó venir sin freno, de modo que les surgió la idea de elaborar un producto con receta propia que al paso de los días se convirtió en la joya de la corona y cuyo prestigio ha rebasado el perímetro de la demarcación.

Y es que la Juárez era una colonia con demasiadas oficinas. Les iba muy bien porque llegaban empleados a disfrutar su café o se lo llevaban para saborearlo mientras trabajaban.

Hasta que llegó pandemia —todos conocemos la historia—, y sin embargo ellos resistieron con su servicio a domicilio. Pero necesitaban otro producto que se complementara.

Entonces decidieron hacer una hamburguesa. Esto fue en 2021. Empezaron con la Chipus. “Necesitábamos un producto que pudiera llegar como más lejos y que la gente lo pudiera identificar y adquirir más fácil”, recuerda este hombre de talante serio y sonrisa ligera.

Y se dieron a la tarea de formar un equipo de dos cocineros, más el propio Héctor y un repartidor.

Buscaron recetas, hicieron pruebas, ensayos, mezclas de carne, tipos de pan, queso y algún aderezo que la complementara.

Y fue así como nació lo más emblemático de este negocio: LaChipus burguer, de la que no tiene empacho en decir su receta, aunque solo en su memoria guarda algunos ingredientes.

—Veamos…

—En esa hamburguesa usamos un pan brosh, una mezcla de carne de Sonora, queso americano y un aderezo que hacemos en casa: el aderezo Chipus. En especial esta hamburguesa tiene mermelada de tocino que hacemos aquí, justamente, y le quisimos dar un toque diferente, con café expreso que nosotros tostamos.

—¿Es una mezcla.

—Sí, la mermelada de tocino caramelizada.

No fue fácil, pues decidieron hacer un cambio estructural y acondicionaron el espacio, que sigue siendo pequeño pero acogedor, para servir hamburguesas: en vez de ser cafetería al cien por ciento, ahora hacen hamburguesas y conservan la maquinaria de expreso y bebidas calientes y frías.

—¿Y qué significa Chipus?

—El nombre viene de mis dos hijos, a los que cuando eran bebés yo les decía: Chipurínfulos. Es una contracción, una palabra que creo no existe. Entonces se quedó comoChipus. Ellos eran los Chipus.

—Ustedes siguen siendo únicos.

—Sí, pero no olvidamos nuestra raíz desde que éramos una cafetería y lo que hicimos fue incorporar nuestra mermelada de tocino, que lleva expreso, que cuando pruebas ni siquiera te das cuenta que tiene café, pero le aporta mucho sabor.

—Un sabor único.

—Las prueban y creo que estamos muy reseñados en Google. Entonces busca comida, hamburguesa, y aparecen estas, se animan a probarlas y les gusta. Y nos van recomendando. A la siguiente visita traen al primo, a la tía, al amigo, al novio. Entonces ahí se va haciendo una cadenita de recomendaciones.

—Incluso vemos que llegan de otros países.

—Sí, nos ha sorprendido, porque de repente entran gente de Finlandia y Alemania que están hospedados en hoteles de Reforma y Polanco. Y solo vienen a probar la hamburguesa que alguien les contó. No sé. Está muy interesante ese tema.

—Y están bien ubicados.

—Así es, estamos justo entre el Metro Cuauhtémoc y Metrobús Hamburgo, muy cerca de Reforma e Insurgentes.

—Y la carne de Sonora la compran directamente.

—Sí, un amigo es nuestro proveedor. Es una hamburguesa smash, como aplastada. Usamos una mezcla de brisque y falda. Una parte magra y una parte con grasita, que es la que aporta el sabor a la hamburguesa. Los condimentos son sal y pimienta.

—Veo a la gente platicando.

—Sí, justo, la verdad es que siempre platicamos con todos los clientes. Sean locales, sean extranjeros, porque se siente como esa energía de barrio, con ese toque familiar de casa.

—Son productos que resisten la prueba del tiempo.

—Algunos fracasan y otros se arman de creatividad y entonces logran saltar las barreras sin desanimarse, hasta encontrar algunos secretos que quizás no los catapultan por el momento, pero tienen suficiente éxito para animarlos a colocar sucursales.

Y como el negocio de López hay otros ejemplos.

Entre ellos, para no ir tan lejos, está “el de las flautas”, que desde hace más de tres décadas tiene un puesto en la calle de Niños Héroes, cerca de la Tesorería capitalina, colonia Doctores, donde se hizo de un nombre por el sabor de su producto.

Tiempo después montaron sucursales frente a las cuales la gente hace filas para disfrutar la joya de la corona: las tortillas hechas rollitos fritos bien dorados, con queso, papa, carne de res y de pollo, consomé bien picoso aderezado con chile chipotle; auténtica agua de fruta, ensaladas y postres.

Dos ejemplos que han trascendido.


  • Humberto Ríos Navarrete
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