Hubo un tiempo en que esta colonia, con varios inmuebles del Porfiriato, permaneció sin crecimiento, en especial después de los sismos del 85, igual que su vecina, la Roma, que estuvo en penumbras; de pronto, sin embargo, se ha desatado un acelerado crecimiento con la edificación de inmuebles, de tal forma que vecinos temen por una posible escasez de agua.
Y es que brotan obras, como sucede en la calle de Versalles; no son edificios en remodelación, sino nuevas construcciones, de modo que las excavadoras picotean y rompen el subsuelo que pueden deteriorar monumentos protegidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, responsable de vigilar su conservación.
—¿Una invasión silenciosa?
—Es lo que parece.
Y es una interrogante que revolotea entre vecinos, mientras otros bisbisean sobre lo que había en la zona antes de los subsiguientes sismos que han sacudido a la capital del país.
***
—Mira –dice un sujeto—, en esa esquina estuvo un café que se llamaba El Amor.
—Sí —dice otro que lo acompaña afuera del Oxxo—, yo llegué a venir con mi novia a tomar café.
—También había personas que venían a ligar, a conocerse para intercambiar parejas.
—¿Swingers?
—Pues creo que así. Parece que fue de los primeros. Después estuvo otro cerca de la Secretaría de Gobernación.
—¿En serio?
—Sí, lo sé porque yo crecí por esta zona, a la vuelta, por donde están los edificios de Bucareli.
—Yo también vine por estos rumbos hace muchos años; un cuate me invitó a una vieja casona para que conociera a una amiga, la actriz Diana Mariscal; entramos y ella estaba sentada en medio de una cama antigua, de esas de cobre, con una tela transparente, como de gasa, tul o seda, un velo que colgaba de unos ganchos, con una luz tenue, como si estuviera meditando.
—Era la actriz de Fando y Lis, ¿no?
—Sí, la que dirigió Alejandro Jodorowsky.
—¿Y tú que andabas haciendo por acá?
—Yo estudiaba en la Escuela Nacional de Artes Gráficas, la ENAG, que está o estaba sobre Bucareli.
—¿En qué año?
—No recuerdo bien; quizás principios o finales de los setenta. Mi amigo me trajo a conocerla. Pero ella estaba como en éxtasis o meditando. No recuerdo si nos hizo caso. Entonces nos salimos.
—¿No estarías soñando? Parece un cuento de misterio o como si describieras un set de cine.
—No; apenas lo recuerdo, pero no era un sueño. Es más, cuando fue el temblor del 85, sobre esta calle estaba el cine de arte Versalles, al que también lo desapareció el terremoto. Por aquí murieron algunos personajes, como Rockdrigo González.
—El Profeta del nopal.
—Sí, así le decían.
—Sí, pero él murió por donde está el súper, cerca de una iglesia; por ahí estaba una embajada, creo que la de España.
—También por aquí murió un reportero, muy bueno, por cierto, del periódico La Jornada.
—¿Pero en qué íbamos?
—No sé, solo estábamos recordando.
—¿Y cómo se llamaba tu amigo?
—Sadot.
—¿Y qué pasó con él?
—Creo que lo atropelló un carro sobre la calzada de Tlalpan. Él vivía cerca de ahí. Lo último que supe es que pintaba paisajes con la yema de los dedos, muy exitoso, por cierto, en el mero centro de la Zona Rosa; muy acá, con sus tubos de espray que prendía. Fue el primero que empezó con esa técnica. Le iba muy bien.
—¿Y cómo lo conociste?
—Pues no sé si en la ENAG o en el taller de poesía que impartía en maestro Carlos Illescas, en la calle de Dinamarca, o en el de AugustoTito Monterroso, en instalaciones del INBA, adonde pasó Pita Amor a recitar su poesía y después se iba, porque dicen que vivía por estos rumbos; una tarde también pasó el escritor Parménides García Saldaña.
—Sí, el que pertenecía a la Literatura de la Onda.
—Ah, sí sabes…
—Sí, yo estudié en la UNAM.
—¿Y qué haces en la calle?
—Cosas del destino.
***
Mientras tanto, hay quienes adquieren viviendas solo para alquilar, como una especie de inversión, una nueva forma de hacer negocios, y se van a vivir a otro lado, de modo que cada vez más se observan huéspedes, nacionales y extranjeros, que rentan departamentos, los llamados Airbnb, así como nuevos comercios.
Sigue siendo una colonia tranquila, hasta cierto punto, a pesar del rebrote de negocios, como cafeterías y heladerías, casas de tés y boutiques, aunque se ha incrementado el paso de motocicletas que irrumpen, como si estuvieran en pistas de carreras.
Más hacia la Zona Rosa, partida en dos por el Metrobús, el ambiente es más movido, aunque el turismo ya se ve en todos lados, mientras que cerca de Paseo de la Reforma se han levantado modernos edificios con departamentos que, según el runrún, han sido adquiridos por nuevos ricos del actual régimen.
Pero ese es otro cantar.