Donde menos te imaginas encuentras una biblioteca, que suman alrededor de 200 en el Centro Histórico de Ciudad de México, algunas de apariencia discreta y otras con algún letrero en la banqueta, como la que está a un paso de la estación Allende del Metro, que pertenece al Poder Legislativo.
Otra es la Biblioteca de México, a un brinco de la estación Ciudadela del Metro, una de las más espaciosas y accesibles, que también tiene hemeroteca, una librería y espacios que conservan estantes personales de escritores mexicanos, entre ellos de Carlos Monsiváis y de José Emilio Pacheco, que permiten acercarte a sus obras y algunos objetos de sus colecciones.
La mayoría está en edificios antiguos, algunas especializadas en temas, como las de gastronomía y de artes, por citar dos, agrupadas en la Red de Bibliotecas y Archivos del Centro Histórico, que este año pretende reforzar con el concepto Galerías, Bibliotecas, Archivos y Museos, utilizado por primera vez en 2003, durante la Conferencia de la Sociedad Australiana de Archivos.
Los bibliotecarios se reúnen cada dos meses con otros especialistas, entre ellos museógrafos, para intercambiar experiencias y de ese modo ampliar conocimientos y mejorar su quehacer.
Así es como la Red ofrece a sus integrantes “un respaldo de asesoría y colaboración”, mientras que para el público es “una puerta de entrada a la diversidad y riqueza de colecciones especializadas”, explica Iriana Prado, coordinadora de la agrupación.
“Nuestra visión es proyectar esa riqueza a nivel nacional e internacional, ofreciendo al usuario una experiencia inmersiva en el patrimonio documental de México”, con punto de inicio en el Centro Histórico de la capital del país, informa Prado, de la Biblioteca y Acervo Lotería Nacional.
La Red es un proyecto de colaboración entre bibliotecas y archivos. Entre sus planes colaborativos está el de Viernes de Colecciones, al que se llegó gracias al maestro Arturo Pacheco, de la Biblioteca Nacional de Educación, que está al interior del Centro Cultural del México Contemporáneo, cerca de la Plaza de Santo Domingo.
En esta ocasión toca el turno a la biblioteca de la Antigua Academia de San Carlos, donde Iriana Prado explica:
“La iniciativa surgió hace 20 años con un grupo de bibliotecarios; en un principio solo eran bibliotecas, que se reunieron para colaborar en beneficio de los procesos dentro de cada colección, de cada recinto, tanto de préstamo, conservación, preservación de los acervos, servicios bibliotecarios”.
En algún momento hubo necesidad de cambiar los ficheros manuales a electrónicos, recuerda Iriana.
“Entonces con esta sistematización surgieron varios paradigmas y estos bibliotecarios pioneros se empezaron a reunir para contar sus experiencias y tratar de ayudarse en pro de un mejor servicio y de una mejor conservación de las colecciones”.
Y así fue creciendo, de tal manera que a la Red se han unido “con grandes profesionales de la información”, añade Prado, quien recuerda que tienen el apoyo de Laboratorios de Restauración de la Biblioteca Central de la UNAM.
También hay museógrafos que orientan sobre la conservación del inmenso patrimonio histórico.
En la Red, por ejemplo, está la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana, de la Fundación Herdez, la Biblioteca Nacional de la Educación, la del Centro Cultural México-Israel, que, comenta Iriana, “tiene una biblioteca muy interesante; también la biblioteca del Museo Franz Mayer... En fin, es una gran diversidad de instituciones”.
Y en este viernes de colecciones tocó visitar el Museo de la Antigua Academia de San Carlos, en la calle de Academia número 22, esquina con Moneda, donde hay una biblioteca de la UNAM, especializada en arte, cine, docencia y algo de Inteligencia Artificial, con más de 22 mil ejemplares, además de revistas y multimedia.
Es coordinada por Georgina Vélez Ángeles, maestra en Bibliotecología y Estudios de la Información de la UNAM.
Esta biblioteca, ubicada en el corazón del Centro Histórico, no solo es visitada por quienes consultan libros, sino por turistas y consumidores que vienen a reposar después andar en el ajetreo comercial de los alrededores.
—¿Qué tipo de personas visita la biblioteca?
—Muchas veces vienen en plan turista, a conocer la biblioteca por fuera, y en otras ocasiones solamente vienen a sentarse un rato, a leer un libro, o simplemente a pasar el rato, a descansar un poquito de sus compras; vienen, se sientan un ratito en las mesas y se retiran.
—Es un placer estar aquí— se le comenta, luego de cruzar la parte central de la academia, conocida como Victoria de la Samotracia, rodeada de esculturas clásicas, renacentistas y de los siglos XVII-XIX.
—Ustedes entran al edificio de la academia —responde la maestra Vélez Ángeles — y se sorprenden por el silencio, pero cuando entran a la biblioteca… es el oasis dentro del oasis.
Lo dice con un suspiro.
Encantada de su labor.