La solución está en las nubes. Es la propuesta de Isla Urbana, una organización que ofrece el servicio de captación de lluvia. El sistema ha beneficiado a unas 250 mil personas en México. El proyecto, instaurado por Enrique Lomnitz y Renata Fenton, fue puesto en práctica hace once años en el Ajusco. La de ambos intención era dedicarse al diseño para la sostenibilidad de la Ciudad de México. La semilla de su aspiración había germinado cuando estudiaban la licenciatura en diseño industrial en la Escuela de Diseño de Rhode Island, en Estados Unidos.
Y para que su propósito pudiera cuajar, recuerda Enrique Lomnitz, regresaron a Ciudad de México y visitaron varias colonias periurbanas y entrevistaron vecinos para entender qué tipo problemas sufrían y que, como diseñadores, querían entender. “Una y otra vez surgió el tema del agua como problema prioritario para las personas, y decidimos enfocarnos en eso”.
Ya tenían el tema.
Entonces estudiaron la situación del agua y observaron que el problema estaba encaminado a volverse una crisis generalizada, de modo que concluyeron en algo fundamental: la sobrepoblación estaba causando una presión insostenible sobre el acuífero del Valle de México.
Y como consecuencia de lo anterior, mientras tanto, la lluvia que cae ya no recargaba el subsuelo, debido a la pavimentación, y a que el agua de lluvia corre hacia los drenajes, mezclándose con aguas negras y, finalmente, vertida fuera de la ciudad al Río Tula y de ahí al mar.
Observaron lo mismo que otros, pero ellos lo hacían con otra mirada: “La lluvia que debería estarnos dando nuestra agua se desperdicia casi por completo, causando inundaciones y luego siendo perdida”.
Entonces se enfocaron en aprender a captar el agua de lluvia y en buscar cómo impulsar que esta práctica se volviera sistematizada y adoptada a gran escala en México. Para eso se fueron a vivir a la zona.
Allí fue el inicio.
Y han recibido reconocimientos.
Hace ocho años, a cuatro de iniciar el proyecto, Enrique Lomnitz fue elegido por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, como uno de los 35 innovadores jóvenes con más talento en el mundo.
“Ya llovió”, juega Lomnitz con la idea.
Y sonríe.
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En 2009 instalamos un primer sistema de captación en el sur de la ciudad, en una colonia del Ajusco medio, para ver si en verdad funcionaba.
El resultado fue sumamente exitoso, vimos que un sistema de captación en la Ciudad de México es capaz de dar una gran abundancia de agua de buena calidad, y que mejoraría mucho la calidad de vida para familias que sufren escasez del líquido.
Por lo tanto, rentamos un cuarto en una vecindad en esa colonia y nos fuimos a vivir ahí con el fin de aprender en conjunto con nuestras nuevas vecinas, y desarrollar los diseños y estrategias de captación más efectivas y mejor adaptadas al contexto mexicano.
Durante más de 4 años vivimos ahí, instalando cada vez mejores sistemas, y llegando poco a poco a cada vez más colonias y zonas del sur de la ciudad.
Con el tiempo, logramos desarrollar tecnologías innovadoras que permiten cosechar la lluvia de formas muy efectivas y fáciles de usar. Colaborando con gobiernos locales, fundaciones, universidades, y comunidades, fuimos logrando que la captación de lluvia y sus estrategias de implementación maduren al punto de poder ser adoptadas e integradas en políticas públicas.
Con el paso del tiempo, la cosecha de lluvia pasó de ser una práctica marginal, a ser una estrategia reconocida para mejorar el abasto y sostenibilidad de agua en zonas difíciles de abastecer por medios convencionales.
Al día de hoy, Isla Urbana ha instalado más de 22 mil sistemas de Captación. Ha diseñado programas de Captación de lluvia para múltiples programas gubernamentales, incluyendo ciudad de México y Guadalajara.
En trabajo innovador de Isla Urbana, que combina el desarrollo tecnológico con el desarrollo de estrategias de implementación, replicación, capacitación, y difusión, lo han colocado como una de las organizaciones de sostenibilidad más dinámicas del país.
Le han ganado una diversidad de reconocimientos nacionales e internacionales, incluido el MIT, quien reconoció al proyecto como uno de los más innovadores del mundo en 2013.
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Habrá que cruzar la ciudad y ascender en territorio de la alcaldía Tlalpan, transitar por una larga brecha, hasta llegar. “Hay que agarrar la Pichacho-Ajusco”, habían dicho.
Y así fue.
Hasta llegar a la calle José Inocente Lugo Martínez, colonia Héroes de 1910, luego de entrar por Miguel M. Acosta, y luego la referencia:
“Vivienda al final del andador, zaguán rojo con columnas de ladrillo y muro de piedra volcánica”.
Aquí había instalado uno de los primeros sistemas el equipo de Isla Urbana, instituida en esta zona del sur de la ciudad, “para combatir lo que para ese entonces era una crisis masiva de agua, no solo a la Ciudad de México, sino en ciudades mexicanas en general, y empezamos en esta zona, que es cerril, donde todos los problemas están exagerados y multiplicados y hay una gran cantidad de personas que viven el día a día”, explica Lomnitz.
En este contexto instalaron sistemas de captación de lluvia, como el de esta vivienda y otros que están en la zona, que permite que la gente capte, filtre y almacene agua de lluvia para su uso en casa y que de esa manera tenga un seguro, “totalmente ecológico”.
—¿Qué es Isla Urbana y quiénes la integran?
—Es un emprendimiento social, somos un grupo de personas de todas las disciplinas que puedas imaginar; desde antropología, hasta ingeniería, arquitectura, trabajo social, docencia, diseño; somos un colectivo básicamente de personas de todo tipo de fondos que hemos decidido abocar y tratar de unir todos nuestros esfuerzos para hacerle frente a la crisis de agua.
—Plantean una respuesta total a la crisis del agua.
—Es una parte de la solución a un problema que es muy grande y muy complejo. México es uno de los países que más rápidamente nos estamos descertificando; nuestras ciudades se están quedando sin agua de una manera impresionantemente acelerada y francamente aterradora.
—Imagínate la Ciudad de México sin agua.
—Pues sí, y la ciudad, aquí abajito, es una de las 10 ciudades con más posibilidades de quedarse sin agua en el mundo.
Otras de las ciudades que están acabando con acuíferos y manantiales, son Guadalajara y Monterrey, asegura este diseñador industrial.
“Y una de las maneras que podemos empezar a cambiar ese rumbo y a la vez ir construyendo una adaptación y resiliencia ante esta situación —propone—, es precisamente cosechar agua de lluvia”.
Y conduce a una paradoja:
“Porque en todas estas zonas, a la vez que nos estamos quedando sin agua, nos está cayendo agua del cielo en abundancia. Una cantidad enorme que básicamente corre de los techos, se va a la calle, se mete al drenaje y se pierde o se desperdicia por completo”.
Advierte:
“De hecho, en lugares como Ciudad de México y a lo largo del país, uno de los graves problemas que tenemos es que el agua de los pozos ya sale contaminada porque se ha filtrado muchísima contaminación al subsuelo, pues estamos perforando y yendo tan profundo en los acuíferos, que estamos sacando del fono donde se van asentado metales pesados”.
Y frente a la casa de la señora Minerva Díaz Godínez, una de las beneficiadas por una fundación, Lomnitz explica:
“En este sistema de captación, que es para una pequeña vivienda, el agua cae sobre el techo; nosotros lo venimos conduciendo por tubería, en este caso un tubo negro que baja y trae toda esa agua de lluvia y llega a este tanquecito azul, que es un separador de primeras lluvias, porque durante los primeros cinco minutos de un aguacero va a lavar el cielo y el techo, pero tú no quieres que esa agua vaya a tu tanque”.
Al separador de lluvia le llaman Tlaloque. “Entonces ya tenemos en nuestro tanque un agua que tiene una calidad bastante cercana a lo potable, no al cien por ciento. En ese tanque se aplica un poco de cloro y ya cuando se extrae el agua con una bomba, puede pasarse por un pequeño filtro que te la deje como agua potable”.
Hasta ahora Isla Urbana ha instalado 21 sistemas en viviendas y poco más de trescientas escuelas; también ha diseñado programas que instalan otros proveedores. En Ciudad de México trabajan sobre todo en zonas altas de Tlalpan, como en este caso, además de Xochimilco e Iztapalapa.
—Y es prácticamente la solución.
—El chiste del agua de lluvia es que está aprovechando una fuente muy abundante que se estaba desperdiciando por completo. En el caso de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, las ciudades en general en México, cae la lluvia sobre las casas, cae sobre el techo, cae sobre la calle, se mete al drenaje, se mezcla con las aguas negras y se sale de la cuenca.
Y ejemplifica:
“Un sistema de captación en Guadalajara es capaz de darnos el 60 por ciento del total de la demanda de una familia por año, a veces más”.
—Como sucede aquí.
—Sí, como un caso donde estamos parados ahorita, que ocho meses del año, nueve meses del año se pueden abastecer únicamente con agua de lluvia, captada y almacenada, perfectamente viable.
El investigador reflexiona y plantea:
“No hay una solución única a la crisis de agua en una mega Ciudad como México o Guadalajara que te resuelva el problema, hay una combinación de estrategia que entre todas puedan construir sostenibilidad: que la cantidad de agua que sacamos, sea igual a la que entra; captar agua de lluvia nos acerca a eso y se hacen en combinación con aumentar la cobertura de áreas verdes y la filtración de agua al subsuelo, reducir el consumo de agua; simplemente que aprendamos a vivir con menos agua, reciclar aguas tratadas, y en general un conjunto de estrategias”.
Desde hace 42 años vive aquí Minerva Díaz. Tiene una cisterna y dos tinacos con capacidad para dos mil litros de agua de lluvia que le duran de 7 a 8 meses. La mujer se emociona cuando habla de los beneficios de la lluvia: “Sirve para bañarse, para lavar, para tomar, para guisar y para muchas cosas, para todo lo que sirve el agua”.
Antes de que le instalaran este proyecto, hace 10 años, compraban pipas de agua y captaban lluvia, pero lo hacían “sin ninguna técnica”.
—Y este proyecto les cayó del cielo.
—Ah, sí, muy bien el proyecto. De veras, es muy buen proyecto, si alguien se los ofrece, acéptenlo —sugiere—, porque es cien por ciento saludable.
—¿Y qué tal el agua?
—Yo le llamo agua entera, pero dicen que tiene otro nombre; yo la llamo así porque para mí es agua virgen.
Hace poco uno de sus hijos, José Manuel, estrenó un cosechador de agua; dice que con la primera lluvia de la temporada juntó cinco mil litros para consumir él, su esposa y dos bebés.
“Si todos en temporada de lluvias pudiésemos cosechar agua y reutilizarla, estaría perfecto”, resume José Manuel, mientras ofrece agua fresca que saboreamos, sobre todo Enrique Lomnitz, quien suspira, sonríe y cierra los ojos mientras sorbe, como si catara el fruto de su proyecto.
Humberto Ríos Navarrete