Magia huichola con chaquira

Ciudad de México /

Más de 31 mil huicholes habitan en los estados de san Luis Potosí y Nayarit, los más, y en Durango y Zacatecas, sus lugares de origen; algunos, sin embargo, han migrado a ciudades para ofrecer sus artesanías; de trata de un forma decorativa que sus ancestros usaban en rituales y que ahora, modificados, son apreciados en tiendas de artesanías. Muchos le llaman arte huichol; otros, solo artesanía. Oscila entre esos dos conceptos.

Es un estilo fino, minucioso, que usan para adornar objetos con chaquira, incluso autos, en los que han participado como colectivo, así como formas de animales, como el venado, que en la región huichol tiene un significado especial, pues les enseña el camino, dice Hilario López Bautista, quien hace 35 años llegó a la capital del país.

Hilario era un adolescente cuando arribó con su padre a tierras chilangas; venían de San Andrés Cohamiata, municipio de Mezquitic, Jalisco, enclavado en la Sierra Madre Occidental, cuyo principal sostén ha sido la agricultura, el pastoreo y las artesanías.

López vive en un edificio donde tiene como vecinos a integrantes de diferentes etnias. En una pequeña sala está su taller, en medio de jícaras, muñecos y otros adornos con chaquira, que ágilmente ensarta en hilos para luego adherir en la zona cubierta con una delgada capa de cera sobre la que van apareciendo imágenes como por arte de magia.

Y así va, creando coloridas figuras, la mayoría simétricas, que él tiene en mente o, según dice, le dictan espíritus de sus antepasados que ofrendaban en ceremonias que hacían en la extensa zona huichol, donde también se dedican a elaborar la misma artesanía, pero insuficiente para el sustento. Por eso Hilario y su padre salieron del pueblo.

“Mi padre me dejó aquí; pues sí, veníamos buscando trabajo”, relata Hilario, sin dejar de encajar la chaquira y cubrir esa figura de venado esbelto; un mamífero, relata Hilario, que sus antepasados seguían, ya que les indicaba las veredas por donde caminar.

Pronto, durante su estancia en la capital, conoció a un paisano suyo en la Plaza de Artesanías de la Ciudadela. “Ahí me dejó trabajar con él”, recuerda. “Y ahí aprendí, poco a poco, haciendo cuadros, como éste de hilo”, dice mientras señala una madera tejida con madejas de colores.

—Sencillo.

—Sí, sencillo. Y ya después entré pegando la chaquira.

Otra costumbre que nunca ha dejado de practicar, dice, es la música tradicional de su región, como lo atestiguan sus dos violines rústicos, que ahora mismo afina mientras recuerda que junto a otros amigos entonan en ceremonias en Xochimilco, Ciudad de México, y otras partes del país.

“Con la artesanía y la música, así me mantengo, así he estado; la verdad, sí me da mucha alegría, porque, gracias a Dios, es nuestra historia, nuestra tradición que tenemos como una herencia, y por eso me gusta mucho mi trabajo”, comenta, mientras le da forma a una figura.

—Es un trabajo muy bonito, ¿no?

—Bueno, pues mayoría de la gente nos aprecia; a los turistas, más que nada, les encanta mucho nuestro trabajo; bueno, también los mexicanos nos compran, pero más los turistas.

—¿Qué significa este trabajo para usted?

—Es conservar, es honrar, cuidar nuestra tradición, nuestro territorio, nuestros rituales…

—Antes no se comercializaba.

—No, eran ofrendas; por ejemplo, esta jicarita, así como está de sencilla, con uno o dos o tres signos de chaquira con la cera, con esa hacíamos monitos.

Los huicholes tienen cuatro lugares sagrados distribuidos en los estados de Jalisco, Nayarit, Durango y San Luis Potosí donde realizan sus ceremonias y dejan sus ofrendas. Un ejemplo es tatewari, en Nayarit, “donde nació el fuego”, dice Hilario López Bautista. “El fuego para nosotros es muy importante”, comenta. “Es nuestro abuelo”.

Y aquí está López Bautista, en su taller, donde enlaza y fija con destreza la chaquira, hasta formar armoniosas figuras, como lo percibían sus ancestros durante rituales, donde el peyote es y ha sido parte esencial.

Y es Wirikuta, San Luis Potosí, el más conocido de esos los lugares sagrados, en el que, cuenta la leyenda, nació el sol y surgió el mundo.

Por eso muchos enfilan hacia allá en busca de otro universo.

  • Humberto Ríos Navarrete
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