Nació en La Paz, Bolivia, el 7 de diciembre de 1985, pero al paso de los años Michael Dunn, como es normal en muchos jóvenes, se negaba a estudiar lo que sus padres le exigían: una carrera que en el futuro le garantizara una vida estable. Entonces se inscribió en una que se adaptaba a las exigencias familiares: Administración de Empresas. Sin embargo no terminó y se desvió a un punto medio.
Y brincó al diseño gráfico.
Y luego a la fotografía.
Son deslizamientos en su vida de los que no se arrepiente, ya que después de dos décadas, mientras preparaba sus maletas para viajar por primera vez a México, donde preparaban una exposición en la galería Claroscuro, de Jeannette Arévalo, le avisaron que había ganado el primer lugar en el concurso de foto que organiza Leica, del que hace un año había obtenido un segundo lugar.
Y es que años atrás, durante sus primeros estudios, había descubierto el cuarto oscuro, el revelado, la ampliación, etcétera, todo lo relacionado con la fotografía, y después de eso fue cuando comunicó a su familia, recuerda con una sonrisa, “un tema donde mi papá y mi mamá se volvieron locos”.
Por eso eligió el diseño gráfico y, en paralelo, la fotografía.
En aquel tiempo viajó a Buenos Aires, Argentina, pero de regreso a La Paz, y a medida de que pasaba el tiempo, se dio cuenta que su verdadera vocación seguía siendo la fotografía, más que diseñar, aunque a veces ambas iban de la mano.
Y viajó a Nueva York, donde duró cinco años. En la escuela le pedían retratar la ciudad, caminar y fotografiar, y ahí es cuando nace su pasión por la calle.
Empezó a fotografiar con cámaras analógicas y transitó a lo digital. La mayoría de su trabajo es digital.
Hizo documentales, incluso fotos de bodas, una actividad que resultó lucrativa, y sin embargo prefería la calle. Lo había aprendido en la Ciudad de Nueva York, de donde, como dice Michael Dunn, regresó enamorado del ambiente callejero, que es lo que capta en el transcurso de sus caminatas paceñas, como ahora lo hace por avenidas de Ciudad de México, como Paseo de la Reforma, que recorrió a pie desde la estación Hidalgo del Metro.
Y es que mientras preparaba esta muestra fotográfica, titulada Archivos de altura, el artista boliviano seguía saboreando la noticia de que había ganado el premio, con sus asombrosas imágenes de cholitas jugando golf, un deporte considerado elitista.
“Fue un buen timing, porque, a medida de que estábamos organizando esta exposición, yo en paralelo postulé una serie de fotos muy interesantes a los premios Leica”, comenta. “La temática del concurso era algo que significara el lujo, pero asociado con lo cultural”.
Entonces hizo la serie titulada La cholita paceña, a partir de dos señoras, Marta y Teresa, que juegan al golf ataviadas con la vestimenta típica.
—Y regresarás a México.
—Por suerte gané el primer lugar y eso me está dando la oportunidad de volver a la Ciudad de México, si Dios quiere, en marzo, porque voy a exponer en la galería de Leica, que está en Polanco.
Y ahora aterricemos en los pasillos y muros de la galería Claroscuro, al sur de ciudad de México, donde Michael presenta la muestra Archivos de altura, La Paz, una serie de fotografías en varios formatos, cuyo tema es La Paz, Bolivia, donde nació el autor.
—Cómo te definirías.
—Como un fotógrafo multigenérico, porque navego por diferentes géneros fotográfico, desde el documental, hasta el comercial, pero de pasión y lo que realmente amo ser es la fotografía de calle.
—¿Por qué el título Archivo de altura?
—Porque es un trabajo sobre mi ciudad, La Paz, con más de 17 años; donde saqué alrededor de 500 fotos con analógico y con digital, de las que aquí solo hay dieciséis.
“Esta serie invita, sobre todo a alguien que no es de Bolivia, a adentrarse lo que es La Paz, una ciudad que, yo siento, no tratar de encajar a ningún tipo de molde”, comenta Michael.
—¿Por qué?
—Es una ciudad que está perdida en una nostalgia del pasado. Es una ciudad que está profundamente ligada, principalmente, a la cultura aymara, quechua, que tiene colores muy vivos, que tiene personajes muy especiales; uno de ellos la cholita paceña, con un sombrero que es muy particular. Una mujer que representa la fuerza, el orgullo, el matriarcado en nuestro país.
—Un sombrero muy particular.
—Es interesante porque su sombrero, que es de hombre, se usa a partir de un error: a finales de los 1800, si no me equivoco, había mucha gente de Inglaterra y de Italia que trabajaban en la construcción de las vías del tren de La Paz, que ya no existen, y ellos piden un cargamento de sombreros, y llega el cargamento, pero los sombreros eran muy pequeños y no les quedaban a los trabajadores; entonces las mujeres aymaras lo vieron como la oportunidad perfecta porque les quedaban como anillo al dedo y se apropiaron de los sombreros y lo incorporaron como elemento de moda.
Es Michael Dunn, quien para fotografiar escenarios prefiere el final de la tarde, pues la luz de La Paz, su ciudad, se torna excepcional, sobre todo cuando enfoca sus calles y sus las cholitas.