Siempre pasas frente a este viejo y misterioso edificio, situado en medio de una zona donde comercializan autopartes, y mirabas a través de una rendija que dejaba la puerta madera entreabierta, hasta que un día decidiste entrar y subiste las escaleras con pasos lentos, mientras mirabas paredes tapizadas de cuadros y la derecha una cortina negra con un letrero, “Caja negra”, y al llegar al primer piso comenzaste a descubrir parte de lo que hay en el 77 de la calle General Prim, colonia Juárez, donde reinaba el silencio: en el fondo, tres mujeres —cuyas siluetas apenas veías— parecían platicar en voz baja, mientras consumían alguna bebida.
Poco después salió del lugar un individuo con una charola bailándole en la mano, y le preguntaste:
—¿Qué es aquí, disculpa?
Y te explicó a grandes rasgos, pero lo único que entendiste es que de donde había salido era un restaurante, etcétera.
Después apareció Nadia Coutiño, quien describió el lugar y escuchó los motivos de tu curiosidad. “El 77 —dijo Valeria— es un Centro Cultural Autogestivo”.
Días después volviste con Valeria Lemus, fundadora y directora de impacto social de este lugar —con una oferta multidisciplinaria, dijo— en el que también hay un restaurante vegano y se cocinan las artes escénicas.
—¿Y quién es Valeria Lemus?
—Valeria —responde enseguida— es una mujer que es actriz, originaria de Tamaulipas, una mujer que tiene 32 años, le gusta hacer teatro, hace gestión cultural, forma parte de distintas redes de trabajo por las artes escénicas, amiga, hija, compañera, una persona que está en un centro cultural, que ha viajado de su lugar de origen para vivir en la Ciudad de México y sumarse a un grupo para hacer teatro independiente.
Valeria habla con voz recia, como si moldeara cada expresión; y mientras lo hace, aletea con sus manos a mitad de una sala que sirve para ensayar.
Valeria es amable y risueña.
Y conecta de inmediato.
—¿Y en dónde estamos?
—Estamos en El 77, Centro Cultural Autogestivo, un lugar que desde hace 11 años se ha planteado generar iniciativas, proyectos y actividades que tengan que ver con el desarrollo cultural, con el fortalecimiento de grupos independientes y artísticos, y dar continuidad a proyectos de impacto social a través de las artes.
—Este sitio fue pionero en la prevención del delito —le comentas, luego de leer inscripciones en placas fijadas en paredes— y tienen una conexión muy especial con un icónico teatro capitalino.
—A mí me parece muy curioso y muy simbólico en tanto al arte independiente y autogestivo que El 77 nace a partir de una gestión del Foro Shakespeare.
—Y han presentado un montón de obras de teatro.
—Sí, el espacio programa obras, genera proyectos, y también hace colaboraciones; todo esto para decirte que, por ejemplo, el año pasado recibimos 81 compañías, si no me equivoco; tuvimos más de cinco mil 500 personas visitando el espacio en diferentes momentos, y esa cifra ha aumentado, porque cada rinconcito de esta casa, pues se usa para las artes escénicas.
También cuentan con un taller de serigrafía, operado por Daniel Morán, en tanto que Nadia Coutiño se encarga de la difusión.
Nadia te conduce a la parte de abajo, una especie de refugio antibombas —siempre acompañado de Rodrigo Díaz, mi camarada con cámara al hombro—, luego de levantar una cortina de tono oscuro que cubre una puerta de madera.
—En este momento estamos en la Caja negra del 77 —indica Nadia—, que es el foro principal. Aquí programamos funciones de teatro, básicamente todo el año.
—¿Y este edificio?
—El edificio tiene casi cien años. Primero fue una casa, luego una guardería del IMSS.
—Y hay un restaurante vegano…
—Síiii —responde una sonriente Nadia, quien difunde por redes sociales las actividades de este espacio—, y una oferta de bebidas y cocteles y cafecito como para nutrir la experiencia de venir al teatro.
—¿Hace falta difundir teatro?— se le pregunta a Valeria Lemus, quien suelta una risotada.
—¡Síiiii, ja,ja,ja,ja!
—¿Qué le dirías a quienes le tiene cierta aversión al teatro?
—Creo que el teatro sirve para sacudir muchas emociones, y que el teatro tiene esa posibilidad de darnos una gama de experiencia emocional que serán únicas e irrepetibles.
Así es que, desahogada la curiosidad, tendrás que volver a esta vieja casona, ya sea para saborear un café o disfrutar de una obra; porque aquí, como dice el lema…
“Tenemos teatro, tenemos todo”.