Una mujer benefactora y su obra

Ciudad de México /
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Entramos al inmueble marcado con el número 24 de la calle Mártires de la Conquista, en Tacubaya, para conocer la historia de una mujer que hace más de 20 años llegó a esta zona con la intención de cambiar la vida de niños

Fue en 2004 cuando Leticia Edith se hizo acompañar de una hermana, pues le habían insistido que en esta franja de la capital del país el peligro siempre estaba presente.

“Nunca vayas a venir sola”.

Fue el consejo que escuchó.

Además le indicaron que era una zona marginada, donde los niños jugaban al aire libre mientras sus padres trabajaban. Por eso ella quería corroborar con sus propios ojos.

Entonces visitó los alrededores de Tacubaya, un barrio encajado en la delegación Miguel Hidalgo, ahora alcaldía, una demarcación de contrastes sociales y paisajes en blanco y negro.

En aquel tiempo la religiosa, quien viajaba de Toluca, Estado de México, llegó a la capital del país, acompañada de otra religiosa y, como se lo había propuesto, continuó con su trabajo de campo, pues era parte de un proyecto que traía en mente, como le dictaba su conciencia; como lo había planeado.

Dos décadas después de su misión, Leticia Edith Luz León, quien cumplió 77 años, piensa retirarse, satisfecha de la obra que construyó y de la que surgió AFECI, cuyo lema es: “Un niño menos en la calle hoy, un ser pleno y sano mañana”.

Pero habrá que ir a los inicios.

Lo primero que hizo fue un bazar de ropa para poder juntar recursos económicos. “Yo pedía entre amistades que si me querían ayudar con ropa, cosas que ya no usaran, tenían que estar en buen estado”.

Leticia Edith tenía muy claro su proyecto, pues durante sus visitas observó que había niños en la calle, ya sea jugando entre ellos o en maquinitas que había en las tiendas.

Y también supo de gente que la veía con desconfianza y le hacían todo tipo de preguntas.

“Nos costó mucho trabajo que nos aceptaran, porque es una zona de alto riesgo, de mucho conflicto, pero gracias a Dios sí nos fueron aceptando”, recuerda.

Y el proyecto tomaba forma.

Porque además del bazar, comenzó a pedir donaciones en otros países, entre ellos Alemania, con lo que juntaron para adquirir este inmueble, que permanecía abandonado.

Y fue así como nació su fundación, que el próximo octubre cumple dos décadas y uno de cuyos principios es prevenir el riesgo “de calle y promover el desarrollo integral de niñas y niños, adolescentes y jóvenes, mediante un modelo de atención con enfoque con derechos que fortalecen sus capacidades, bienestar y oportunidades para construir un proyecto de vida”.

Pero para integrarse a esta comunidad se deben cumplir con algunos menesteres, como estar inscritos de antemano en un sistema escolarizado y vivir en la zona, cerca de aquí.

“Es un requisito indispensable, porque la idea es que se puede estar en contacto con la escuela para darle seguimiento al niño”, comenta Leticia Edith Luz León. “Porque cuando reportan algo, si hay necesidad de ir a ver a la directora para ver qué pasa, pues vamos y resolvemos el problema”.

Los padres de familias también tienen obligaciones, como la de recibir terapia por parte de esta fundación, donde hay especialistas en sicología y nutrición, entre otros servicios, como talleres “para ser mejores padres”.

—Y también tienen comedor y maestros.

—Sí, y se les da seguimiento a sus tareas y tienen que presentar sus boletas, para verificar si están mejorando sus calificaciones.

Aquí hay alrededor de cinco mil historias que cada egresado puede contar, y de los cuales muchos estudian en la prepa o en alguna universidad, como Omar Avilés Salazar, de 19 años, quien desde los 16 estuvo aquí.

“Vivo por la zona y caminando por aquí descubrí la pancarta que se encuentran fuera de las instalaciones; yo sabía que necesitaba ayuda y con mi madre decidimos entrar”, relata Omar.

—Y qué te ofrecieron.

—Todos los servicios, que son salud física y mental, apoyo en clases, apoyo académico y vida independiente, que sirve para que yo cree métodos y en el futuro pueda ver lo que quiero ser.

—¿Y qué tal, bien?

—Bien, es increíble ser parte de esta comunidad.

Y nos despedimos de esta colectividad, creada por Leticia Edith Luz León, con quien además colaboran otras organizaciones y profesionales, como Alejandra Reyes, integrante de Paisaje Social, una fundación que participa en el área de artes plásticas, “para potenciar el desarrollo de habilidades en niños y adolescentes”.


  • Humberto Ríos Navarrete
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