Cerebros seducidos

Ciudad de México /

La belleza nos ciega. Según los psicólogos, tendemos a pensar que las personas atractivas son además inteligentes y dignas de confianza. Si nos gusta el aspecto físico de alguien, proyectamos esa aprobación a toda su personalidad. A consecuencia de este espejismo, conocido como “efecto halo”, nos fiamos de los bellos famosos que recomiendan productos y dietas, incluso cuando avalan estrafalarias teorías pseudocientíficas. Industrias millonarias, como la alimentaria o la cosmética, se aprovechan de este sesgo cognitivo para empujarnos a gastar dinero en belleza o salud con dudosos resultados.

Ya los antiguos griegos se dejaban deslumbrar por el aura de los cuerpos hermosos. En Atenas se hizo famosa Friné, una modelo que posó para los mejores escultores. Se cuenta que fue acusada de un delito grave y su abogado, uno de los oradores más prestigiosos del ágora, no logró convencer de su inocencia al jurado popular. A la desesperada, probó un golpe teatral: arrancó la túnica de Friné para exhibirla desnuda ante el tribunal, preguntando si una mujer tan bella podía mentir. Con ese peregrino argumento, consiguió su absolución por unanimidad. Quizá nos conviene practicar un sano escepticismo ante lo que afirman las bocas hermosas: confiemos en los verdaderos expertos y recordemos que los consejos de las celebridades pueden ser descerebrados.

Luis M. Morales


  • Irene Vallejo
  • Irene Vallejo Moreu es filóloga y escritora española.​ Por su libro El infinito en un junco​ recibió el Premio Nacional de Ensayo 2020 y el Premio Aragón 2021.​ Publica su columna Los Atltas de Pandora.
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