Ala luz de la guerra comercial que nos sacude, los estadunidenses han descubierto, para su asombro, que sus emblemáticas botas de cowboy se fabrican principalmente en China. Eso significa que los cantantes country, representantes de las esencias nacionales, podrían sufrir desabastecimiento de calzado si los aranceles a la importación suben demasiado. También de fábricas asiáticas provienen la mayoría de banderas nacionales que cuelgan de los mástiles oficiales y balcones privados. Es una paradoja del mundo globalizado: los partidarios del ‘nosotros primero’ compran sus símbolos patrióticos en negocios deslocalizados. Talleres extranjeros se han especializado en producir en serie los emblemas identitarios.
En realidad, la frontera entre lo genuino y lo importado es de por sí borrosa; la mayoría de símbolos patrios es producto del mestizaje. Los caballos del legendario far west no eran especies autóctonas, llegaron por primera vez al continente con los conquistadores europeos. Recetas típicas de la gastronomía española como el gazpacho o la tortilla necesitaron tomates y patatas, que viajaron de América a Europa. Incluso las naranjas son forasteras en el Mediterráneo: proceden de las zonas tropicales de Asia y la palabra deriva del sánscrito. Desde siempre, la apropiación es la norma: incluso en el ‘nosotros’ subsiste la huella de los otros.