La salud de las palabras

Ciudad de México /

Luis M. Morales

Entender el mundo es un placer. Mirar alrededor y reconocer las causas, las consecuencias, los secretos mecanismos que deciden los acontecimientos, nos protege de engaños y manipulaciones. Esta idea es la semilla de la que surge el estudio de la historia tal como la entendemos hoy. En la Grecia clásica, Tucídides dejó atrás el simple relato de los hechos en su secuencia temporal y fue más allá. Comprendió que la tarea del historiador consiste en reconocer y analizar los resortes del comportamiento humano. “Historia” significaba en griego “indagación”.

Gracias a esta novedad, los historiadores pueden explicarnos, desde su análisis del pasado, muchas claves del presente. Testigo del desmoronamiento de la democracia en Atenas, Tucídides advirtió el síntoma de una crisis latente en el cambio de significado de ciertas palabras. Pensaba que la política se deteriora si el servilismo dentro de las facciones se empieza a llamar lealtad. Si el bien común se trata como un botín. Si llamamos listo al que mejor conspira y cobarde a quien se detiene a reflexionar. Si hablamos de pactos solo para encubrir fugaces transacciones de intereses. Escribió: “Al llegar a acuerdos, los juramentos tenían una vigencia momentánea por prestarlos cada bando ante el apuro, sin otro fundamento”. La salud de una sociedad se puede diagnosticar auscultando sus palabras.

Irene Vallejo

  • Irene Vallejo
  • Irene Vallejo Moreu es filóloga y escritora española.​ Por su libro El infinito en un junco​ recibió el Premio Nacional de Ensayo 2020 y el Premio Aragón 2021.​ Publica su columna Los Atltas de Pandora.
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