Hoy a las 7 en la Galería de Arte Contemporáneo del Teatro Isauro Martínez será presentado mi más reciente libro de cuentos.
Me acompañarán con sus comentarios Iván Hernán Benítez y Saúl Rosales. La entrada es libre y al final habrá un modesto brindis.
Ya enumeré todo lo importante, salvo el título: Prohibido soñar de pie, libro que contiene quince relatos editados este año por Ficticia Editorial en la Ciudad de México.
Nada más debo añadir, pero aún queda espacio a esta columna y lo aprovecho para bordear algunas peculiaridades de este nuevo título incorporado a la literatura mexicana en general y la lagunera en particular.
El libro contiene quince historias estacionadas en exactamente 200 páginas.
El promedio de cada cuento ronda las doce o trece páginas, aunque en realidad la extensión de las piezas es variada.
Tan lo es que se me ocurrió añadir dos textos brevísimos, de un párrafo apenas, junto a otros que cruzan quince o veinte páginas.
Salvo dos o tres de corte lúdico (los muy breves y algún otro), todas las demás ficciones son realistas, algunas claramente ubicadas en el contexto lagunero.
Los cuentos son realistas, insisto, pero no autobiográficos.
Son ficciones a la manera de las que solemos urdir los escritores no fantásticos: puede parpadear en ellos alguna tenue luz autobiográfica, pero sólo como asidero de la imaginación literaria cuyo principal fuero es fingir la realidad, mentir con la apariencia de verdad sin desentenderse de la verosimilitud.
El título alude a una idea que de cierta forma pellizca todas las historias: que en la realidad los propósitos (léase los sueños) muchas veces, la mayoría, se ven vapuleados por la insignificancia de los frutos, razón por la cual quizá no sea tan desaconsejable ambicionar con prudencia más allá de que los manuales exitistas nos inculquen el deseo de triunfo cueste lo que cueste y otras quimeras que a lo sumo se materializan a cuentagotas.
Un resumen apretado de los contenidos podría destacar tres rutas temáticas: cuatro cuentos con asunto literario, cuatro con sesgo (des)amoroso, dos futboleros y otros de menos sencilla ubicación.
Es un libro misceláneo, otro intento por ejercer el oficio de escribir donde casi no importa.