Volver a Valadés

  • Ruta norte
  • Jaime Muñoz Vargas

Laguna /

En uno de mis vericuetos discursivos del taller literario, no sé cómo di con el tema Edmundo Valadés (Guaymas, Sonora, 1915-Ciudad de México, 1994). 

Mencioné mi vago recuerdo de Las dualidades funestas, recomendé El libro de la imaginación y por supuesto desemboqué en su libro más famoso: 

La muerte tiene permiso, volumen de cuentos que contiene su relato más leído, el homónimo del libro.

En el camino del Teatro Martínez a la casa recordé que en algún momento debía recordar la búsqueda del libro, pues me asaltó la sospecha de que no lo había visto en al menos un par de décadas. 

En efecto, una exploración no muy acuciosa en la biblioteca arrojó un resultado negativo: mi edición de La muerte tiene permiso no apareció. 

En alguna de las varias mudanzas se extravió, lo presté, no sé. 

No sentí pesar, pues es un libro muchas veces reeditado (un clásico mexicano) y en cualquier momento lo vuelvo a pescar en las librerías de acá.

El fin de semana fui a Educal, dentro del Museo Arocena, y encontré la grata sorpresa de ver “La muerte tiene permiso” en la colección Vientos del Pueblo, del FCE. 

Es el cuento independiente en un opúsculo grapado a la manera de las revistas. Su precio es fantástico: 9 pesos, ni un paquete de semillas de los que venden afuera de la lucha.

El susodicho cuento es una perla de nuestra narrativa breve, tanto que, si existiera, podría entrar en una antología de los diez mejores cuentos mexicanos. 

Trata, no deslizo el final, sobre el abuso de un presidente municipal a su comunidad: una comitiva de burócratas del gobierno consulta en una asamblea a los campesinos de San Juan de las Manzanas. 

Surge el tema del alcalde y poco a poco salen a luz sus tropelías gracias sobre todo a la denuncia de un campesino llamado Sacramento. 

Le suman al menos tres agravios contra la comunidad, abusos que parecen imperdonables en un funcionario que se supone no está para atropellar, sino lo contrario. 

Luego de deliberar, el veredicto de la mesa nos comparte una sorpresa que se ha convertido en contraseña mexicana de cierto tipo de justicia.

Es un acierto que “La muerte tiene permiso” de don Edmundo Valadés, uno de nuestros maestros del cuento, circule solo, como relato independiente. 

Ha sido ilustrado póstumamente por Antonio Helguera (Ciudad de México, 1965-2021).


@rutanortelaguna

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